El trabajo del puestero en la estancia, silencioso, anónimo, guardaba innumerables vivencias, aún más si aquel ovejero tenía una familia. Avelino y José Galvarino, los hermanos Eugenio, trabajaron a brazo partido en el campo, formaron sus familias, criaron a sus hijos y soñaron con un futuro mejor.En aquella época, los colegios Salesiano y María Auxiliadora tuvieron un invalorable papel, al aceptar que los hijos de los pobladores fueran como pupilos para completar sus estudios, en tiempos en que un sexto grado garantizaba una salida laboral y un proyecto de vida.