Domingo 13 de Agosto de 2017
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Pablo Beecher
El recuerdo de “Pepina”
Alonso y el hotel “Covadonga”
Una de las típicas actividades comerciales de la colectividad española en el territorio fue sin duda la hotelería. Un hotel reunía especialmente a los viajeros, sobre todo paisanos, manteniendo los lazos culturales entre la madre patria con sus costumbres y este nuevo suelo que poco a poco iban haciendo suyo. El cierre del antiguo hotel “Covadonga” -de la familia Alonso sobre la avenida Roca- seguido del deceso de una de sus propietarias, María Leonor “Pepina” Alonso, nos hace detener un momento para recordar una historia de servicio y cordialidad dentro de la comunidad de Río Gallegos. Esta es una historia de mucho esfuerzo
Domingo 13 Ago 2017
El hotel “Covadonga”, 1934.

El hotel “Covadonga”, 1934.

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Los Alonso en España

Leandro Alonso y Concepción Alvarez eran oriundos de Soto de Ribera, un pueblo ubicado a 8 kilómetros de Oviedo, capital de Asturias. 

Eulogio Alonso tenía ocho años cuando falleció su padre y siendo mayores, los varones de la familia comenzaron a dejar España para evitar el servicio militar que en aquel entonces duraba varios años y los conducía indefectiblemente a la guerra de Melilla, Africa. Debían cambiar la fecha de nacimiento en su pasaporte para poder embarcar a América.

Eulogio recordaba cuando tomaba clases en la entrada de la iglesia del pueblo, pero él iba como oyente, porque a sus padres no les alcanzaba para comprarle los útiles, y decía que otros que sí tenían los medios no aprendían nada y él pensaba: “Si yo los tuviera, si yo los tuviera”.

Desde muy chicos iban a trabajar a la mina de carbón, y si no tenían la edad suficiente, les cambiaban los datos en los papeles para que igual trabajaran.

José “Pin” Alonso nació el 7 de diciembre de 1892 y fue el mayor de 9 hermanos. Cuando su padre falleció, él asumió la responsabilidad de ayudar a su madre en la manutención del hogar. Es así como decidió emigrar a la Argentina para tener un trabajo y, por otro lado, evitar el servicio militar. Partió del puerto de Vigo, Galicia y llegó a Río Gallegos en 1911, fue el primero de los hermanos Alonso Alvarez en llegar a América con la única ambición de trabajar para ayudar a su madre en España. 

Pronto partió a la estancia “Las Horquetas”, luego a “Los Vascos” y a “María Inés” de Rodolfo Suárez y se dedicó a las tareas rurales, esquilando, alambrando y cortando pasto. Con los años fue un gran esquilador y comenzó a hacer la temporada de esquila en estancias de San Julián, para lo que demoraba ocho días a caballo para llegar. De esta manera empezaba la temporada allá, porque se comenzaba más temprano, y continuaba en la zona de Gallegos, donde se empezaba a esquilar más tarde, cumpliendo así seis meses de esquila. 

En 1930 “Pin” viajó a España por cuarta vez, conoció a Fermina Montes, del pueblo de Fresnedo y se casaron. Al mes se embarcaron hacia Santa Cruz. Unos meses después fueron a “La Costa” de José Montes. Allá trabajaron durante un tiempo y luego fueron a la sección “Isolabella” de la estancia “Las Buitreras”, también de la misma firma. 

En 1937 nació su hija Alicia. En 1939 la firma ganadera nombró a “Pin” Alonso administrador de “La Costa”, desempeñándose como tal durante 31 años. 


Eulogio Alonso en Río Gallegos

Eulogio tenía 15 años cuando arribó a Río Gallegos en 1914. Contaba que al momento de partir de España estaba acompañado por su madre, Concepción, que después de despedir a su hijo, llorando, caminó alejándose del puerto sin mirar atrás porque si lo hacía -contaba ella años más tarde- no lo dejaba partir.

Una vez en Gallegos se hospedó en el hotel “Colón”, propiedad de doña Adelaida viuda de Jove, que estaba ubicado en la esquina de calles Entre Ríos y Roca, contaba que el primer día se sentó en la cama de su habitación y comenzó a llorar. Esa misma noche llegó al hotel don Eugenio Fernández, próspero ganadero, y preguntó: “¿Cuántos verdes llegaron?”, refiriéndose a los jóvenes españoles recién arribados, y le preguntó a Eulogio si quería trabajar en su estancia “Alquinta” y él contestó: “A eso vengo” y alguien allí le dijo a don Eugenio: “Ese es hermano de “Pin” Alonso”, el hermano mayor que ya estaba trabajando en estancia “Las Buitreras”.

En carretas Eulogio se dirigió a la estancia demorando cuatro días en llegar. Allá trabajó durante diez años como peón, ovejero, alambrador, esquilador e incluso hizo de amansador. En España ya había aprendido a tratar a los caballos y contaban que aquí en el campo, él se llevaba un caballo arisco y regresaba con el mismo caballo, pero ya manso. Conservaba un buen recuerdo de don Eugenio Fernández, “buen patrón” decía, y recordaba que la comida no era de lujo pero se comía.

Cuando podía, Eulogio le giraba dinero a su madre al Banco Herrero de Oviedo, al igual que hicieron sus hermanos.

José “Pin” y Eulogio vivieron la huelga del ´21 mientras trabajaban en el campo y Eulogio fue llevado por los militares. A los de su grupo les dieron a elegir entre un fusil y un caballo, los que eligieron el fusil fueron luego fusilados y Eulogio fue el único que eligió el caballo y galopó hasta Gallegos, escondiéndose en la casa de Valeriano Fernández hasta que todo pasó.

En 1924 Eulogio ya había ahorrado lo suficiente como para desenvolverse mejor y decidió regresar a España para visitar a su familia y buscar novia. En una romería conoció a María Leonor “Cuca” González, oriunda de Bueño. Tenía 13 años cuando empezó a coser en España y se casó con Eulogio a los 18 para partir a América desde el puerto de Gijón. 

En 1927 llegaron a Río Gallegos, hospedándose en el hotel “Lafuente” y el 18 de febrero de 1928 nació María Leonor Alonso, “Pepina”. A los veinte días partieron al campo en un Ford T con capota conducido por Marcelo Alvarez. Primero estuvieron en “Las Horquetas” y más tarde en “Los Vascos” donde “Cuca” debía cocinar en la casa grande y no visitaron el pueblo por tres años. Eulogio ingresó a su empleo ganando $ 60 y por méritos le subieron a $ 70.

Un día alguien le dijo a “Cuca”: “Te voy a mandar un hombre para que te ayude en las tareas y cuide a la nena” y ella se puso contenta, pensando que alguien le ayudaría a cortar la leña y a cuidar a su hija mientras cocinaba. Al rato llegó el indio Copacho envuelto en una capa, él era el ayudante, pero “Cuca”, que no lo imaginaba, se asustó y salió corriendo hacia la casa de los peones a refugiarse. Copacho vivió siempre en las estancias de Suárez. 

Eulogio esquilaba 250 ovejas por día y los otros trabajadores decían: “Claro, ¿cómo Eulogio no va a esquilar tantos animales, si cuando llega a su casa tiene ropa limpia y le dan buena comida?”.

En “Los Vascos” alambró grandes extensiones junto a su hermano Antonio -que llegaría después- y sus primos Aquilino y Julio González. Es interesante destacar que, al cabo de varios años, llegaron a la zona agrimensores de Buenos Aires para entregar los lotes que pertenecieron a la Sociedad Explotadora a nuevos pobladores y los profesionales quedaron asombrados de cómo estaban dispuestos los alambrados desde aquella época en que seguramente no habían tenido teodolitos para mensurar el lugar.

En 1930 la familia se radicó en Gallegos y Eulogio alquiló una pequeña vivienda. Más adelante compró un terreno de 50 x 50, con una casa, en Alberdi y Magallanes.

El comenzó a trabajar en el puerto o en el frigorífico Swift como jornalero en la carga y descarga de los buques y continuó saliendo al campo en las temporadas para esquilar o para alambrar, en estancias como “Las Vegas”, donde llegaba a permanecer hasta tres meses. Los contratistas de esquila volvían a llamar a los esquiladores que se habían desempeñado bien, es decir que si un esquilador había lastimado hacienda, era difícil que lo volvieran a llamar. 

En 1931 nació Eulogio, “Logín”, Eulogio (p) compró en esos años un coche para alquilarlo, pero cada viaje se cobraba un peso y el asunto no prosperó, vendió el vehículo y compró un camión Ford pequeño, justo en la época en que la Municipalidad decidió nivelar la calle Roca al fondo y contrató a todos los camiones del pueblo para sacar la tierra que se removía. 

También era buen carpintero y constructor, tan es así que, ayudado por sus hermanos, construyó dos viviendas para alquilarlas. 

En la Guerra Civil Española “Cuca” se reunía con la señora de López, el carpintero, para concurrir a los bailes de la Casa España en beneficencia para los damnificados y también cosían ropa para enviarles. 

José Antonio Alonso llegó a Río Gallegos en el invierno de 1924, ya se encontraban aquí sus hermanos José Benjamín “Pin” y Eulogio Alonso, trabajando en el campo. Venía, al igual que sus hermanos, escapado de la milicia. En España los militares habían ido a buscarlo a su casa para llevarlo al Ejército y estaba tan bien escondido, en el entretecho de la casa, que no pudieron hallarlo y los familiares negaron rotundamente su presencia. Una vez en Gallegos se hospedó en el hotel “Lafuente” y pronto fue al campo donde trabajaban sus hermanos, aprendió a esquilar y alambrar.

En 1937 se casó con Amelia González, hermana de María Leonor “Cuca” y Aquilino González, el que la persuadió para que emigrara. Nacieron sus hijos: Isabel, Guzmán y Elsa. 

José Antonio comenzó a trabajar en los caponeros de Swift, hombreando bolsas en el puerto y participó en la construcción del muelle de madera de La Anónima. Los capataces de la playa preferían a los asturianos porque eran hombres más fuertes, y por ese motivo se armaban peleas entre la gente. Iba a la medianoche, según los turnos, a cargar la carne del frigorífico, de las chatas a los barcos y regresaba a su casa a los tres días. El año se organizaba según las posibilidades de cada temporada, en verano trabajaban en la esquila y durante el resto de los meses, en el puerto y el frigorífico.

Formó su cuadrilla de esquila junto a Aquilino González. En 1947 formó su propia cuadrilla de esquila. Tenía varias estancias a las que, año a año, les realizaba ese servicio, contrataba a sus esquiladores y alquilaba un camión para llevar la comparsa al campo, otras veces la estancia suministraba el vehículo, hasta que, en 1956, compró un camión modelo 52. Esquiló en “Alquinta”, “Los Pozos”, “Cabo Buen Tiempo”, “Las Vegas”, que tenía 60.000 animales, “Librún”, ”Ototel Aike” y “Moy Aike Grande”, entre otras. Cuando eran estancias más chicas, la cuadrilla se dividía en dos. Se trataba con el estanciero la cifra por la esquila según la cantidad de animales y luego, el contratista le pagaba a su gente por día. Esta cuadrilla José Antonio la tuvo hasta 1968 que falleció.

Adolfo Alonso -el cuarto de los hermanos- llegó a Río Gallegos en 1925, fue puestero en la estancia “Punta del Monte” y “Buitreras”, además de trabajar con su hermano en “La Costa”. Trabajó en la fábrica de fideos de Eugenio Fernández y regresó a trabajar al campo.

(Más adelante vivió y colaboró en el hotel “Alonso” junto a la familia de su sobrino “Logín”). 


El hotel “Covadonga”

Mientras Eulogio trabajaba en el almacén “La Favorita” salió a la venta el fondo de comercio del hotel “Covadonga”, propiedad de la viuda de Jove. La señora se lo ofreció a Eulogio y él reunió parte del dinero, pidiéndole prestado a su hermano Adolfo, hicieron el trato y Eulogio terminó de pagarlo mucho antes de lo pactado. Fueron los cuatro a vivir al hotel y la casa anterior se alquiló. Una vez en el hotel, “Cuca” era la cocinera, Eulogio atendía el bar mientras que “Pepina” y “Logín” servían las mesas y hacían las camas. En 1956 compraron la propiedad. 

En los días de carnaval regresaban tarde del baile y seguían trabajando en el hotel sin poder irse a dormir.

La clientela era gente de campo, sobre todo españoles, pero hubo épocas en que respondía a momentos especiales, como la llegada de los italianos (fines de los años ´40) que se radicaron en Río Turbio o cuando se hizo el Regimiento o el ramal de YCF en los años ´50. 

Había hombres de campo que pasaban dos meses del invierno en el hotel. 

Los padres se levantaban a las seis de la mañana para encender las estufas y la caldera a carbón para la calefacción. Servían el desayuno con té o café, pan de la panadería “La Favorita” de Caleya García, manteca y dulce. El almuerzo que podía ser fiambre, sopa, dos platos, postre, café y un botellón de vino, merienda, cena y noche, que cobraban $ 1,50 ó $ 2.

Todos los días de la semana había un menú diferente, los sábados se hacía la gran favada asturiana con chorizo colorado y morcilla, todos productos que elaboraban ellos mismos cada invierno, en el tradicional carneado de chanchos. 

Los domingos, el bar del “Covadonga” era centro de reunión de muchos vecinos del pueblo como Juan Méndez, Leandro Alvarez, Luis Santa María, “Manolín” el panadero, Braña el sastre, y todos jugaban al tute y al truco. Los domingos Eulogio jugaba a las cartas en la Casa España. (Cuando trabajó en el almacén La Favorita de José González, despachando combustible en el surtidor, arreglaba con los compañeros para trabajar más durante la semana y que estuviera libre el domingo).

Muchas veces llegaban de Piedra Buena empleados de Vialidad Nacional, con portafolios repletos de dinero que correspondía a los sueldos de todos los empleados de la Provincia y como paraban en el hotel, le daban el dinero a Eulogio para que se los guardara y a las cuatro de la mañana del día en que seguían viaje al interior, le golpeaban la ventana y él les entregaba los portafolios y ellos nunca contaban el dinero. En el hotel también vendían los pasajes del transporte de “Lucho” García para viajar a Punta Arenas.

Alicia Alonso recuerda que de señorita quedaba en el hotel “Covadonga” con sus tíos Eulogio y “Cuca” y los primos “Pepina” y “Logín” para disfrutar de las fiestas de carnaval: “Nos divertíamos mucho jugando con agua, recuerdo que el corso llegaba hasta la esquina de la Casa Méndez y el bar del Covadonga se llenaba de gente, mientras tanto, “Pepina”, “Logín” y yo, llenábamos tinas de agua y las dejábamos en el callejón del hotel. Pasadas las doce de la noche, empezábamos a tirar agua y la gente se alejaba del lugar por la molestia, cuando el tío Eulogio se daba cuenta, salía a darnos el gran reto.

Cuando parábamos en el hotel Covadonga, después de tantos meses de haber estado en el campo, nos pasábamos la noche conversando hasta que la tía “Cuca” decía: “¡Mañana tengo que madrugar!”. 

En 1950 Eulogio compró un terreno a un tal Tipito y también el predio vecino, que pertenecía a Vladimiro Jakic y Paco Alesanco, ambos sobre calle Corrientes, entre Roca y Zapiola y allá construyó, en cuatro años, el hotel que bautizó “Alonso” y que comenzó a funcionar en 1954. Primero fueron ocho habitaciones y en una segunda etapa, otras cuatro y con los años se continuó ampliando. 

En 1954 “Logín” se casó con María Elena Fernández, “Maruja” y junto a sus padres Manuel y Pacita, se hicieron cargo del hotel “Alonso” mientras que “Pepina” y sus padres continuaron frente al hotel “Covadonga”. 

“Pepina” viajaba a España de vacaciones con sus padres. En 1964, luego de 37 años de haber emigrado, regresaron a España para visitar sus familiares en Soto de Ribera y en Bueño, ellos decían: “¡Vienen de América!”.

(Los Fernández eran dueños del hotel “Cerrito” y la estancia “Cerro Blanco”).

“Logín” y “Maruja” tuvieron tres hijas: Paz Leonor, Mónica Liliana y Miriam Patricia.

Cuando Paz, “Titi, era chica y quería ir al hotel “Covadonga” a visitar a su tía “Pepina”, esperaba al sodero, Manuel “Chingolo” García, que la llevaba desde el “Alonso” al “Covadonga” en el carro tirado por un caballo.

“Titi” Alonso después llevó adelante el hotel “Covadonga” junto a su tía “Pepina”. 

 “Titi” lamentablemente falleció muy joven hace algunos años. “Pepina” falleció el 1º de agosto último, con 89 años.

El hotel “Covadonga” cerró sus puertas en junio de este año, después de más de 70 años de actividad, con un sello familiar característico que no será olvidado. 

Domingo 13 Ago 2017