Lunes 19 de Junio de 2017
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Pablo Beecher
Four Wheel Drive y Nash Quad
Los primeros camiones en el Territorio
Mientras el progreso mecánico transformaba a muchos carreros en camioneros durante la primera década del siglo pasado, los primeros Four Wheel Drive y Nash Quad -con ruedas macizas y sin cabina- empezaban a verse por todo el territorio y llamaban la atención. El transporte fue el sustento de numerosas familias que por muchos años trabajaron y vivieron de este servicio fundamental para la economía regional de un vasto territorio siempre difícil de conectar. En estos escritos intentamos rememorar con nombre y apellido a muchos transportistas que literalmente “hicieron camino al andar” entre los lagos, la Cordillera y los pueblos co
Domingo 18 Jun 2017
Teodoro Baasch y su sobrino Alfredo Brodersen.

Teodoro Baasch y su sobrino Alfredo Brodersen.

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En Río Gallegos

Propietarios de los vehículos, empleados… En 1925 Ricardo Gatti llegó a Río Gallegos, trabajó en “La Mercantil” y después bajando lana como chofer de los camiones Four Wheel Drive, que tenían los Suárez, de las estancias “Las Horquetas” y “María Inés”. 

(Más adelante tuvo un bar que vendería para trasladarse en 1931 a El Calafate donde abrió un boliche que llamó “El Chanta 4”, que recordaba a un conocido restaurant del Abasto donde se reunían cuando eran jóvenes. Puso cancha de bochas y billar… “Había timba y corría la plata”).

Perfecto Rodríguez también fue chofer de camión y trabajó para los Suárez. El nació en Vigo, Galicia, donde la familia se dedicaba a la pesca. Cuando hablaba de su infancia contaba que eran excelentes nadadores, recordaba siempre las playas y las rías gallegas, los días a pleno sol, sus juegos, andar descalzo por el agua.

En 1905 llegó a Río Gallegos y trabajó en la playa, como patrón de chatas para La Anónima. Más adelante, después de 1915, fue chofer de los camiones Four Wheel Drive junto a Atilio Rogolini.

En 1918 Perfecto se casó con Remedios Lara y fueron naciendo: Eliseo, Eduardo, Elvira y Amelia. Una vez que nació Amelia fueron en un Ford T a la estancia “María Inés” porque Perfecto se hizo cargo de una sección de la estancia. Allí nació María Inés. 

En Gallegos los Suárez tenían el tambo “Granja Modelo”, en la granja San Jorge y dejaron que Perfecto se instalara en una franja de tierra sobre el río Gallegos donde construyó la casa, un galpón para el tambo, armó la chacra y la quinta. 

En algunos casos los mismos ganaderos manejaban sus camiones. Es el caso de Eugenio Fernández de estancia “Alquinta”, cercana a Gallegos, que manejaba su coche y su camión Four Wheel Drive. Más adelante tendría vehículos marca Buick. Uno lo tuvo desde 1925 hasta 1939 y ese año lo cambió por otro de la misma marca.


En San Julián

Laudelino y Manuel Fueyo tuvieron un taller y después manejaron camiones Four Wheel Drive. Laudelino hizo también el correo, alternando con Joaquín Fernández, y en esos viajes conoció a Celina Nadal, de la estancia “Cardiel Chico”. 

En San Julián funcionó la firma comercial de Hugo Kuvacec, donde Juan Daniec -que tenía conocimientos de contabilidad- fue jefe de depósito y tenedor de libros. Este negocio representaba las marcas de automóviles Chevrolet y Oldsmovile, naftas y aceites, los neumáticos Dunlop, Lambert, las llantas acojinadas Fisk, antisárnicos, los molinos Elite y las esquiladoras y prensas Amelung, también era agente marítimo de varias firmas navieras, representaba tropas de mulas, tractores Four Wheel Drive y camiones Chevrolet, frutos del país y administraba las estancias “La Matilde”, “La Mercedes”, “La Margarita”, “Cerro León”, “Lago Pueyrredón”, “Lago Ghío”, “Lago Posadas” y “Río Baker”.

Los Daniec eran oriundos de Ostrava, Checoslovaquia, una región donde abundaban las minas de carbón. Juan Daniec nació en 1901 y María Waloch, en 1905. En los años de posguerra europea la situación económica no era buena y se hablaba de la Patagonia como la tierra del trabajo y de oportunidades. En 1922 Juan emigró a Argentina y se radicó primeramente en San Julián, donde ya vivía su hermano Luis Daniec que era el encargado del almacén de “La Anónima”. Unos años después de vivir en San Julián, los Daniec se trasladarían a Cañadón León (Gobernador Gregores) donde tendrían un comercio.


En el hotel “La Bajada”

En 1922 ya había terminado la huelga. José García se hizo cargo junto a su familia del hotel “La Bajada”, que estaba a cuatro kilómetros del Paso (Piedra Buena), camino a Tres Lagos. Tenía de socio al gallego Víctor Lagos. Era un boliche de campo con bar y algunas piezas. José atendía el bar y su esposa, cocinaba.

Este hotel había sido antes propiedad de un francés que pidió crédito a La Anónima y ésta le dio el dinero con el que lo levantó, pero el francés no pagaba las cuotas y parece que nunca pagó.

Era el tiempo en que pasaban las caravanas de chatas tiradas por caballos. Más arriba estaba el boliche “Corpen”, que tenía corrales, pero lo cerraron porque había habido una muerte.

Cuando aparecieron los primeros camiones Four Wheel Drive, que eran de Brodersen y Jensen, empezaron a pasar por La Bajada. Al principio, ellos mismos los manejaban y después tomaron choferes y como los vehículos se descomponían y nadie sabía arreglarlos, trajeron de Punta Arenas al chofer mecánico Manuel Feliú.

Esos camiones iban y venían con alguna carga entre la zona de Piedra Clavada (Tres Lagos) y Paso Ibáñez, pero al francés no le paraban en el boliche, algo que le molestaba bastante.

Un día, Feliú le dijo a los dueños de los camiones que sería conveniente parar en “La Bajada”, debido a que los vehículos llevaban mucha nafta y agua, y les propuso que allí dejaran un depósito con bastante agua.

El francés les dijo que ahora allí no podían parar y que esos camiones iban a durar muy poco, además les aseguró que aunque quisieran, no podrían subir la cuesta con los vehículos cargados. El chileno le dijo que se animaba a subir con toda la carga y le aseguró que en el próximo viaje iban a subir con los dos camiones cargados: “Esa subida, cuando yo venga de abajo, de Santa Cruz, la voy a subir con toda la carga”, y apostaron cien pesos. El chileno Feliú vino cargado de Puerto Santa Cruz y en Paso Ibáñez cargó más todavía, al igual que el otro camión que llevaba un chofer.

El francés llevó una silla arriba del cerro y se reía mientras los veía avanzar. El chileno salió primero a toda carrera y pasó el primer repecho y después el segundo y llegó a la cima, después le hizo señas al otro, que igual subió sin ningún problema.

El francés no podía creerlo, los camiones siguieron viaje y él volvió a su boliche y se pegó un tiro.

El estaba bastante endeudado y cuando el hotel salió a remate fue que García lo compró con Lagos, que era empleado de La Anónima, después García compró su parte.

Habían nacido sus hijos Luis y José. En 1926 nació Gabriel en el hotel y en 1928, Manuel.

Entre las estancias vecinas al hotel estaban: “La Nueva Argentina” y “Las Mercedes”. Ahí cerca de La Bajada estaba La Laguna de las Chinas, en donde había una toldería y una familia de ocho indios que bajaban al pueblo de a caballo y compraban víveres en La Anónima o en la Argensud.

Tenían línea de correo: Felipe De Gracia y Pedro Jensen, que pasaban por “La Bajada”. Algunos fleteros dejaban los carros y sus animales en el hotel y seguían solos a caballo hasta Paso Ibáñez y al otro día retomaban el tramo final del viaje.

En el Paso estaba Fernández Peña, que era herrero y le mandaban los carros y las carretas semiarmadas desde Buenos Aires, entonces él los terminaba.

Todo esto era antes de los camiones. En el boliche de Corpen había un potrero que alquilaba el frigorífico Armour durante la época de los arreos.


En el lago Argentino 

En el caso de los Payne de estancia “Lago Roca” su hijo “Teddy” recuerda que en los inicios usaron carros tirados por bueyes, llevando los fardos de lana hasta Gallegos, demorando un mes. Un obstáculo bravo era la bajada del lago. Para subir con los carros cargados de fardos, sacaban los bueyes de los otros carros y reforzaban el primero y así hasta completar la tropa. A la vuelta, los carros traían víveres o materiales y la bajada podía ser peligrosa, entonces hacían a la inversa, poniendo algunos bueyes atrás del carro para que lo fueran frenando durante el descenso. 

Más adelante, empezaron a dejar los fardos en el Pueblo Ness (Esperanza) y de allá hasta Gallegos la llevaban en los camiones Four Wheel Drive. En ese entonces el parador La Esperanza se perfilaba como un futuro poblado.

Tardaban quince días en llegar y volvían con los víveres que se habían pedido para todo el año. Para los niños era todo un evento ver partir la caravana de carros y bueyes, cargados de fardos, hasta que regresaban un mes después con los víveres y las noticias de Gallegos. Toda la lana iba en barco a Inglaterra y era vendida en Bradford.

Muchos estancieros llevaban los fardos de lana a La Esperanza, porque había un cargadero de madera para los fleteros. “Willy” Carper lo hizo con sus chatas y mulas y después con los camiones Four Wheel Drive.

En 1926 Antonio Pedro Zupic (Antuco) vino a Santa Cruz con Santiago Prkic, otro hijo de yugoslavos, porque los hermanos Stipicic de Lago Argentino les ofrecieron trabajo en el campo. El viaje de Punta Arenas a Gallegos lo hicieron en un Four Wheel Drive. El chofer manejaba y ellos, que iban atrás, le alcanzaban las latas de nafta porque esos camiones consumían bastante combustible. A Prkic lo llevaron a la estancia “Cerro Buenos Aires” mientras que a Antuco le tocó “Alta Vista”, pero al tiempo volvieron a estar juntos en la última. El trabajó como mayordomo y ordeñador. 

En Calafate después Zupic trabajó con el herrero Edwin Neuman y el mecánico Pablo Kooc, que lo acompañó cuando tuvo el taller en la chacra que Zupic formó, ajustaban motores y metalizaba bielas y bancadas.

Santiago Prkic siguió trabajando como chofer de “Alta Vista” y estando en Calafate vivió siempre con la familia Zupic. Tenía un camión International ‘36 que compró a Hermann Fuhr, después se lo vendió a Zupic, que tenía uno de cuatro cilindros y él compró otro International ‘36, que era de “Alta Vista”. El, todos los años, llevaba leña a la estancia Anita. 


Alfredo Brodersen y Bernardo Reiche

En Punta del Lago (Viedma)

Alfredo Brodersen nació en la Isla de Fehmarn, límite de Alemania con Dinamarca, en 1882. Más adelante, la familia se mudó a Itzehoc para que los cinco hijos completaran sus estudios. Alfredo era uno de los mayores y tenía quince años cuando falleció la mamá. A los chicos los repartieron entre los familiares, pero él se embarcó en un velero mercante. (Hubo dos hermanas que después emigraron a los Estados Unidos).

El capitán lo tomó a su cargo y estuvo durante cinco años navegando por todos los mares, adquiriendo una rica cultura, además de convertirse en un gourmet de primera.

Ya cansado de navegar y con ansias de conocer el continente sur, desembarcó en 1902 en Punta Arenas y luego pasó al territorio de Santa Cruz.

En el paraje Mata Amarilla tuvo con Jensen un hotel y fleteaban con los primeros camiones de ruedas macizas en la zona del lago Viedma. Tuvieron luego el hotel sobre el río Leona, que además era almacén de ramos generales y prestaba el servicio de balsa.

Más adelante disolvieron la sociedad, entonces Jensen quedó en ese hotel y Brodersen pasó a Punta del Lago, un hermoso lugar de donde se observan los cerros El Chaltén y Torre, además del glaciar Viedma.

En Río Gallegos había conocido años antes a Brohme, que era cónsul alemán en la zona y propietario en el Viedma de la estancia Punta del Lago. En esa zona levantó el hotel “Punta del Lago”. 

En 1912 Alfredo volvió a Alemania y conoció a Amanda Baasch, que era amiga de su hermana Mía Brodersen y ambas eran maestras.

Ese mismo año se comprometió en matrimonio para casarse al año siguiente, después volvió a Argentina e hizo más confortable el hotel. Cuando quiso regresar a Alemania estalló la Primera Guerra mundial y quedaron comprometidos durante siete años hasta que, recién en 1920, Amanda pudo viajar a Argentina junto a su hermano Teodoro Baasch y como dama de compañía de la familia Roemmers (dueños de los laboratorios).

En Puerto Santa Cruz los esperaba, ansioso, Alfredo Brodersen, y un juez de Paz que los casó en el mismo barco, porque en esa época no permitían que desembarque una mujer soltera o sin familiares directos que estuvieran radicados en el lugar.

En el hotel de Punta del Lago fueron naciendo sus hijos: Juan Guillermo en 1921; Carlos en 1923; Alfredo en 1924 y Luisa en 1926. (Una o dos veces al año Brodersen hacía las compras en la Argensud o en La Anónima de Piedra Buena. El fletero de confianza era el español Cortés, que iba despacio en su camión Commer, llevando los víveres).

Bernardo Reiche vino a Argentina en 1909, bajó del barco en Ingeniero White (Bahía Blanca) y se fue caminando con un amigo, Ernesto, hasta Punta Arenas porque querían conocer la Patagonia.

Estuvieron un tiempo en Punta Arenas y cuando dejaron esa ciudad, pasaron a la zona del lago Viedma y ahí se dedicaron a cortar los postes para hacer un puente sobre el río Leona. 

En la huelga del ´21 los llevaron a la estancia “Anita” aunque no eran huelguistas. Reiche se salvó de que lo fusilaran porque era buen mecánico y su amigo Ernesto porque era buen cocinero.

Más adelante Bernardo empezó a fletear con un camioncito y se radicó en Punta del Lago, donde hizo un galpón taller y una casa donde vivieron hasta 1939, en que pobló “Silesia”. Este nombre era porque él había nacido en esa región de Alemania, al límite con Polonia. Casado con Toni Baasch, tuvieron a Irma y Federico. 

Reiche tuvo que solicitar campo porque muchos estancieros pagaban el flete con animales, ovejas o caballos, entonces Brohme, de la estancia Punta del Lago, le vendió dos lotes cerca del hotel y la familia continuó unida.

Bernardo iba todas las mañanas a su taller de Punta del Lago en donde arreglaba sus camiones. En el taller había tornos y todo tipo de herramientas. Más adelante se estableció definitivamente con su familia en la estancia y desarmó el galpón.

Alfredo Brodersen aprendió mecánica y carpintería junto a su tío Bernardo Reiche e hizo después el taller al lado de su casa. Uno de los trabajos era hacer las cajas de los camiones que traían los Pérez Companc.


Ricardo Pedro Kaschewski

En el Viedma y Tres Lagos

El caso del polaco Ricardo Kaschewski es el de aquellos que fueron fleteros hasta poder convertirse en estancieros y los camiones atraviesan toda su vida… 

Ricardo Pedro Kaschewski nació el 24 de mayo de 1888 en Liebenaw, Polonia. En 1901 ingresó a Santa Cruz, vía Punta Arenas y llegó a bordo de un barco de la Compañía Hamburguesa, convocado por Mayer Braun (hermano de Mauricio y Sara Braun) y Ernesto Von Heinz, propietarios de las estancias “Rospentek” y “Tapi Aike”, para el cuidado de las liebres europeas que introdujeron en la zona. Cuando llegaron al puerto de Punta Arenas, muchas de las liebres estaban enfermas y debieron largar a las sobrevivientes en el monte de la ciudad. Años más tarde la liebre sería una plaga en todo el territorio.

En 1911 Ricardo se trasladó a la zona de Lago Viedma donde pobló con vacunos y yeguarizos y conoció a Andreas Madsen, poblador dinamarqués de la estancia Cerro Fitz Roy, al pie del Chaltén. En la zona lo apodaron “El Cuadrado” por lo morrudo y fortachón de su fisonomía y quien le enviaba una carta, solamente tenía que dibujar un cuadrado en el sobre y todos sabían que la correspondencia era para Kaschewski.

El recordaba cuando salían con Madsen y otros hombres conduciendo los carros tirados por bueyes y que más de una vez se caía un buey en un pozón, mientras cruzaban el río y ese animal arrastraba a los otros y el carro se volcaba, ahogándose los bueyes y perdiéndose la carga y a veces hasta los carros. Es por eso que se debía transitar por la orilla evitando que los bueyes fueran río adentro.

El aprendió a domar y fue famoso en esa tarea, recordaba cómo, desde temprana edad, los indios de la zona enseñaban a sus hijos a domar. 

En 1921 se casó con Lillie María Wheeler, que de muy joven había ido a la estancia “Fitz Roy” para ayudar en los quehaceres a doña Fanny, la esposa de Madsen. Nació en Puerto Santa Cruz en 1902 y era hija de Charles Enrique Wheeler, inglés, y de Flora Mac Lean, malvinense. 

En 1923 Kaschewski estuvo como administrador de la estancia “Las Adelas” y de los campos de los Pernas. Luego trabajó junto a Bernardo Reiche conduciendo los camiones Four Wheel Drive de ruedas macizas. Algunos de los camiones habían sido fabricados para la Primera Guerra Mundial y tenían una abertura en el techo de la cabina donde se podía ubicar la ametralladora. Con los camiones se dedicó a bajar la lana de las estancias hasta Paso Ibáñez (Piedra Buena), de donde partían los cutters hasta Puerto Santa Cruz y allí esperaban los barcos de las compañías. De aquella primera época de fletero, él recordaba cuando acampaba por las noches y dormía al reparo de una mata de calafate o debajo del camión, sobre sus pilchas, acompañado de su perro viejo.

En el verano se “bajaba” la lana y antes del invierno se “subían” los víveres y la leña para las estancias, donde no abundaba o no había. Ricardo cargaba la leña que cortaba el Vasco Zurutuza en el monte de la zona del lago San Martín y la conducía a las estancias que se la encargaban. Los víveres que pedían las estancias se compraban en La Anónima, Argensud, Watson y Gordoniz, en Piedra Buena o en San Julián donde era más barato.

Fueron naciendo los hijos: Carlos Andrés en 1923; Pedro Hugo, en 1924; Ricardo Héctor en 1929 y Olga Flora.

En los años 1929 y 1930 la familia se trasladó al hotel de campaña “La Julita”, propiedad de Brodersen y Jensen, en la zona del lago San Martín. 

En 1932 los Kaschewski se radicaron en Piedra Buena para que los hijos fueran a la escuela y Ricardo volvió a adquirir camiones, pero esta vez más modernos: un International y un Chevrolet, con los que hizo fletes y correo, para cubrir la zona de los lagos Viedma y San Martín, y Tres Lagos, acompañado de William Smith. El problema era el combustible, entonces llevaban hasta cuatro cajones con dos latas cada armazón y cada tambor contenía 20 litros de combustible.

Entre los pobladores de la zona estaban: Henriksen; Brohme, de “Punta del Lago”; Rojo, de “San José”; Ramström, de “Helsingfors”; Westerlund de “La Sofía” y Jorgensen de “Ñídaros”. No era frecuente que Ricardo hiciera un flete en el invierno, pero ante una emergencia se armaba de coraje y salía en el camión. Una vez se quedó empantanado en la bajada de la estancia “Las Mercedes” de Andrés Jordana y que era conocida como la “Bajada Jordana”. La nieve comenzó a tapar el camión y como ya nada podía hacer para avanzar, optó por abrigarse bien, calzarse las botas y lanzarse a caminar, hasta que por suerte llegó a esa estancia donde, por el mal tiempo, debió dejar el camión durante todo un mes para regresar a buscarlo cuando mejoró el clima.

Los hijos varones podían acompañarlo cuando estaban de vacaciones y a veces demoraban una semana de viaje. Era una aventura para los chicos ir visitando las estancias, cruzando ríos y siguiendo las huellas de las primeras carretas. El camión se cargaba con no más de trece fardos y era una sucesión de viajes hasta terminar el trabajo completo. Cuando debía reparar un vehículo iba al taller del italiano Coconi, en Piedra Buena, quien hacía de herrero y mecánico. Coconi también era el jefe de mecánica de estancia “La Julita” y él mismo confeccionaba las piezas, a puro combo sobre el yunque y con la fragua. 

En 1936 Kaschewski ya había vendido los camiones: uno a Ricardo Aval y el otro a Martín Alquinta y compró a Losecker la estancia “La Lucía” en la zona de Tres Lagos. Uno de sus amigos, Charles Hamman, dueño de “La Siberia”, vecina a “La Lucía”, fue quien salió de garante para la compra del campo. Entregados los camiones, compró una camioneta y más adelante un camión Commer. 

Domingo 18 Jun 2017