Domingo 2 de Diciembre de 2012
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Fragmentos de nuestra historia
Domingo 2 Dic 2012
Historias y Leyendas del río Santa Cruz

Manuel Llarás Samitier escribió frondosas historias de la Patagonia, en este caso presentó una divulgación de la Revista Argentina Austral de 1965, referente a este esplendoroso río.
Continuación…

“Con anterioridad se supone que fue visitado repetidas veces por los buques loberos que operaban en forma clandestina en las roquerías de la costa, pero como es lógico, de tales expediciones no han quedado constancias.
Al capitán Stokes, siguió la expedición del capitán R. Fitz Roy a quien acompañaba Carlos R. Darwin. A raíz de este viaje, se conoció la mayor parte de este curso, y en consecuencia quedó también inaugurado por tan prestigioso sabio su primer capítulo científico. 

El río y el héroe
En el año 1849, el río que aun permanecía casi desconocido e ignorado, y en parte aun inexplorado, vinculó su nombre al héroe patagón, el capitán don Luis Piedra Buena. Desde esa fecha y al ser superadas posteriormente las aspiraciones chilenas de correr los límites de su territorio hasta alcanzar la orilla sur, el nombre del río pasó a ser patrimonio exclusivo de nuestra historia patria.
Contempló los alarmantes aprestos bélicos, y poco faltó para que sus aguas recibieran un copioso bautismo de sangre y presenciaron no pocos actos de heroísmo. Estos acontecimientos lo extrajeron del anonimato en las últimas décadas del siglo pasado, mas su página heroica no llegó a inscribirse ni se ha escrito aun.
En el año 1867, el capitán H.C. Gardener con el auspicio del capitán Piedra Buena inició la exploración de su curso y, según cuenta Musters, proporcionó la primera noticia sobre el gran embalse cordillerano en que nace el río.
Otras expediciones confirmaron esas noticias, y correspondió a Francisco P. Moreno explorar y bautizar el grandioso lago, y dedicar a ambos, río y lago, la primera oración literaria y espiritual. Pero desde ese entonces muy pocos aportes han engrosados el patrimonio literario de este hermoso río austral, a pesar de la extraordinaria transformación que según se advierte han experimentado sus orillas. Ningún poeta se ha detenido aun a pensar que esos coros de chingolos y calandrias que en otros tiempos no lejanos, cantaban utilizando el rústico pentagrama que les ofrecían los espinosos inciensos y calafates, hoy trinan y gorjean posadas en las ramas de muy hermosos sauces y otras especies de árboles que ahora embellecen largos tramos de esas siempre ventosas orillas. Tal vez estos cambios que se advierten en ambas márgenes del río, aunque poco apreciados constituyen el acontecimiento más notable ocurrido allí en muchos milenios.

El río y las leyendas
Lamentablemente no ha podido probarse que las leyendas aborígenes lo mencionen en ningún pasaje de los interesantes fragmentos que han llegado hasta nosotros, pero su ausencia de la imaginación tehuelche, no es tan absoluta.
Estos indígenas que habitaron desde tiempos muy remotos las tierras aledañas, debido a una antigua superstición muy hondamente arraigada en sus creencias, se referían con mucho recelo y escasa simpatía a este y a otros importantes cursos de agua, a los cuales saltearon en su imaginación, evitando asignarles nombres propios. Al caudaloso Santa Cruz, por ejemplo, lo denominaban en su lengua simplemente río grande, y a su vecino el amarillento y barroso río Chico, lo nombraban también así, igual que a otros varios caudales patagónicos. La explicación de estas omisiones es sencilla, según el relato aborigen. Todos los cursos de agua, ríos, arroyos y aun manantiales, lo mismo que los lagos más grandes, se originaron al caer allí los pedazos del cuerpo de una nube asesinada y trucidada por un feroz gigante que vivía allende el mar en remota isla”.
Continuará... 

M. Llarás Samitier - Revista A. Austral 401

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Raúl Peralta
Fuentes: Archivo La Opinión Austral.
Domingo 2 Dic 2012