Jueves 23 de Junio de 2016
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El creador de Sábanas de Viento responde
Preguntas equivocadas al poeta Jorge Curinao
Con la intención de apelar a la memoria y sobre todo a esa sensibilidad tan particular del poeta, La Opinión Austral se tomó el atrevimiento de hurgar en recuerdos y otros aspectos de la vida del poeta nacido en Río Gallegos y que ya cuenta con cinco obras editadas: Sábanas de Viento, Plegaria del Humo, Cactus, Nadando y Otros Animales. He aquí el resultado.
Jueves 23 Jun 2016
El poeta Jorge Curinao.

El poeta Jorge Curinao.

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Un recuerdo imborrable: 
El día que me avisaron que Sábanas de Viento, mi primer libro, había sido seleccionado, entre 16 trabajos, para ser publicado en el concurso que organizaba la Municipalidad. Aún recuerdo la fuerza del primer impulso, como un acto de fe, cuando la noche estaba del otro lado del mundo. El próximo mes se cumplen 10 años de aquella tarde noche.

Una buena razón para despertar cada día: 
La vida misma: mi madre, mis sobrinos, el trabajo, la poesía. Los sueños.

Un disco al cual siempre vale la pena volver:
Autopistas y Túneles, de Súper Ratones. Me lo hizo escuchar un amigo que tenía un programa de radio y desde aquella noche, me acompaña. Recuerdo un viaje que hice por la Patagonia escuchando ese disco. 

Un libro que te marcó cuando comenzabas a escribir:
Podría nombrar muchos, pero el libro que me marcó para todo lo que vino después fue De resentido y enamorado de Claudio Alvarez. El es el poeta de mi barrio. La presentación de su libro, en diciembre de 2001, fue una pequeña luz en medio del caos de un país que se venía abajo, de un presidente que se iba en helicóptero.

¿Arquero, marcador de punta, central, mediocampista o delantero?:
Creo que ya no se usa el término, pero me gustaba jugar de libero. Me gustaba eso de tener la visión total del partido, de iniciar el juego y, sobre todo, de estar libre. Igual, si la vida fuera un partido de fútbol, hoy estaría bajo los tres palos.

Un aroma que te transporta automáticamente a la infancia:
Los aromas de las comidas del comedor escolar. Allí me enseñaron a rezar, a compartir. Soy un agradecido a las buenas personas, en especial a doña Keka que nos despedía con una caricia. Con el paso del tiempo, comencé a valorar todo lo que había vivido allí.

Un axioma popular:
No te des por vencido ni aún vencido.

Un lugar que te gustaría conocer:
La casa museo de Ernesto Sábato, en Santos Lugares. Allí escribió muchos de sus libros y vivió sus últimos días. 

Un sinónimo de vida:
Lunita, mi sobrina nieta. Que Dios la ilumine y guíe sus pasos a buenos puertos, que seamos capaces de dejarle un mundo más habitable.

Una convicción:
La poesía, escribir a pesar de todo.

La última buena compra u obsequio recibido:
Dos atrapasueños que me regalaron Luján y Theo, dos hermanitos que van a las clases de apoyo que brindo en el gremio municipal. Lo más lindo es que los hicieron con sus manos.
Por qué escribir:
Para seguir jugando a lo perdido.

Por qué partir:
Porque la eternidad no es más que un vicio, luz que se enciende de a ratos.

Tres poemas elegidos por el autor:

Mi padre era un trabajador. Una mañana, en la primavera de 1987, se fue como todos los días. Pocos días después desapareció. Nadie supo bien qué pasó. Tal vez el mar. El cuerpo de mi padre muerto estuvo allí, en el mar, tirado por varios días, varias semanas. Nadie supo bien qué pasó. Como suele suceder. Desde entonces odio las muertes, las esperas y, sobre todo, los ojos que no quieren mirar. 

***
Todas las noches me despierto para ver si mis manos siguen siendo manos. Y aún no necesito preguntarme qué es una mano.
***
Debajo de la hoja está el árbol que crece, el pájaro que cae. Quiero decir, sin temor, la sombra de tu sombra, adentro del sueño.
(Del libro Otros animales, año 2014) 


Dos poemas de el elegidos por nosotros:
Fin del invierno
Y si uso camisa.
Y me pongo corbata.
Y me descubren.
***
Algún día
de tanto insistir 
saldrán peces de colores.
Jueves 23 Jun 2016