Domingo 8 de Mayo de 2016
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Pablo Beecher
Gladys Grace Paz y Duncan Campbell
El afán por hallar escritos que se creían perdidos
En Chile primero y ahora en Argentina, los investigadores Gladys Grace Paz y Duncan Campbell presentaron en sociedad “Patagonia Bravía-Naturaleza, vidas y aventuras-Memorias originales del baqueano William H. Greenwood”. Este es su primer libro de publicación conjunta que toma la excepcional serie de artículos publicados por Greenwood en el periódico “The Standard” de Buenos Aires -que se creían perdidos- donde su figura de baqueano se perfila inolvidable y su nombre adquiere renovado prestigio. Estas memorias están llamadas a entretener e informar a todo lector interesado en la Patagonia. El encuentro tuvo lugar en el Club Británic
Viernes 6 May 2016
Milagros Pierini, Gladys Grace Paz, Duncan Campbell y Pablo Gustavo Beecher.

Milagros Pierini, Gladys Grace Paz, Duncan Campbell y Pablo Gustavo Beecher.

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El Club Británico fue la sede para la presentación del maravilloso libro que reúne los escritos de William Greenwood que estuvieron perdidos por más de un siglo para los investigadores y el público. El encuentro estuvo auspiciado por el Consejo de la Comunidad Argentino Británica. 
En la mesa -acompañando a los editores- estuvieron los investigadores Milagros Pierini y Pablo Gustavo Beecher, autores del libro “Los británicos en Santa Cruz”, quienes los recibieron formalmente en nombre del Club Británico. Más tarde se sumó a la reunión el presidente de la institución, Miguel Mayeste, además de los integrantes de la comisión directiva quienes compartieron un ágape con los invitados. 
Pierini dijo que a través de la lectura de “Patagonia Bravía” tuvo la posibilidad de recorrer los lugares que tan magistralmente Greenwood relata. Como investigadora le interesaron no sólo las memorias de don Guillermo, sino también el importante trabajo que han hecho Gladys Grace Paz y Duncan Campbell para acercarnos a una obra sobre las aventuras de un inglés transcurridas a mediados del siglo XIX. Además resaltó el aparato erudito que han hecho los investigadores, no sólo por haber rescatado los relatos que Greenwood enviaba a un periódico inglés de Buenos Aires, sino además porque se tomaron el trabajo de analizar y acercar esas memorias: “El aparato eurito tiene un apéndice sumamente valioso en el cual hacen un rastreo de todos los personajes que Greenwood va mencionando. Un apéndice en el que consta la fauna y la flora que Greenwood va describiendo con el nombre que le asigna como nuevo poblador que no es necesariamente el que le dieron los españoles ni tampoco el nombre científico. Un glosario con los términos que Greenwood utiliza, a veces ingleses y otras, chilenos. Una cronología que es fundamental para entender una obra como esta porque obviamente a don Guillermo no le importaba decir en qué fecha estuvo en tal zona.  
En cuanto a los capítulos, los editores muy hábilmente nos permiten ingresar a un capítulo específico que nos pueda interesar según los temas: acontecimientos como el motín de Punta Arenas, animales de caza, animales de trabajo (perros, ovejas), expediciones y paisajes. Incluso en el último capítulo Greenwood da una serie de consejos a los visitantes y a los que quieran invertir en el sur: “Me hizo acordar a los viajeros ingleses de la primera mitad del siglo XIX que venían con ese objetivo: no sólo ofrecer una pintura de lo novedoso sino que escribían para contarle a los que fueran después qué tipo de negocios se podían hacer en estas tierras ignotas para la mayoría de los británicos”. 
El libro además guarda lugar para la ironía: “Es interesante la ironía que maneja el autor, ironía típicamente británica de lo que él considera “la corte” del gobernador de Punta Arenas, con esa serie de “súbditos” tan obsecuentes; la ironía que utiliza con la viajera lady Florence Dixie, sobre si ella pudo hacer o no todo lo que ella contó luego en su libro. No hay próceres a los cuales él respete. El prócer para él es Santiago Zamora, que fue su maestro”.
Milagros Pierini concluyó diciendo que se trata de un libro para todos a los que nos interesa la Patagonia, no sólo para los historiadores sino además para biólogos, veterinarios y buenos lectores.

¿Qué sabíamos de Greenwood?
Duncan: Una persona que estuvo en esta región más de 25 años y después casi desapareció totalmente, quedando en el olvido. Si uno mira en los mapas, sólo queda de este hombre un paso fronterizo y un arroyo con su nombre, además de una calle en Río Turbio. No hay otro recuerdo en la geografía de la región, pero Greenwood tomó un papel importante, muy importante en su época y gracias a sus escritos-que finalmente logramos ubicar-es que estamos presentando y abriendo a la vista pública información nueva.

El proceso de descubrimiento
Esta búsqueda comienza años atrás con una pregunta sencilla que nos hacen dos académicos de la Universidad de Magallanes: Alfredo Prieto, arqueólogo y Mateo Martinic, historiador y fundador del Instituto de la Patagonia: “¿Qué saben de William Greenwood?”. Nuestra respuesta fue: “Muy poco”. Hemos visto el nombre. Sabemos que es una persona que tiene que haber entrado a la Patagonia en la década de 1870, pero se quedó en el interior y no sabemos si dejó descendencia, si se marchó ni cuándo. Ellos tenían algo de información para nosotros. En el libro del oficial de la Armada Argentina, Agustín del Castillo, sobre su expedición -que hizo en 1887 por el río Turbio hacia aguas del Pacífico- supimos que contrató a Greenwood como guía. En un fragmento de su libro Del Castillo escribió sorprendido que el guía hacía anotaciones en sus cuadernos todos los días durante la tarde. Una persona, haciendo este tipo de anotación diaria, con 15 años en la Patagonia, tiene que haber llenado muchos cuadernos, entonces la pregunta era: “¿Se puede ubicar?” y por poco probable que parezca, aceptamos el desafío y prometimos buscar y estar atentos. ¿En dónde se ubica un manuscrito de tanta antigüedad?: Algún archivo en la Patagonia o Inglaterra. No lo encontramos. ¿Su familia?: Hicimos un estudio de su genealogía que nos costó mucho porque el nombre “William Greenwood” es bastante común. Teniendo en cuenta la edad que podría haber tenido durante la expedición junto a Del Castillo, tomamos dos años posibles para su nacimiento, pero en ese periodo nacieron más de 80 niños en Inglaterra con ese nombre. No era la forma de encontrarlo.
Finalmente hablamos con un sobrino bisnieto que vive en Inglaterra y tenía al menos tres fotos de aquel hombre, joven, porque después se marchó a América. Otra vez nada de los manuscritos. No teníamos ninguna pista.
Un tiempo después, leyendo un artículo de don Carlos Borgialli en la revista Argentina Austral, del año 1935, menciona a Greenwood con especial respeto y decía con certeza que había publicado sus memorias en revistas y periódicos ingleses. Una pista. Hay muchos catálogos de libros y revistas en Inglaterra, pero tampoco estaban. En Internet buscamos en muchas páginas de diarios digitalizados. Había apenas referencias de su vida como jubilado en el norte de Inglaterra, pero nada de textos. Otra vez quedamos frustrados y parados.
Hasta que en 2013 nos conectamos en Santa Cruz con la familia Lemaire para recolectar información para nuestro sitio sobre los británicos en la Patagonia y para ampliar los datos genealógicos de Gladys-por su parentesco con la francesa Marie Domange, la esposa de Henry Reynard -fundador de la estancia “Cañadón de Las Vacas” (antepasados de Lemaire).   
Hablamos con Robert Lemaire que nos empezó a mostrar documentos relacionados con su bisabuelo, entre ellos una biografía preparada por los hijos de Reynard a poco tiempo de su muerte en 1920. Fascinante. Inédito. Encontramos algo sumamente interesante: referencias de Greenwood, como cartas suyas y un artículo escrito y publicado por él en el periódico inglés The Standard, que se publicaba en Buenos Aires. ¿Prometía algo? No lo sabíamos. Era una duda. ¿Valía la pena ir a Buenos Aires? Suponíamos que hubiera ejemplares del diario. Un año después comprobamos que existe una hemeroteca en la Universidad de San Andrés, con una buena colección de este diario. Allí fuimos. Estaba no sólo el diario sino que precisamente ese artículo, pero: ¿Cuántos más podía haber?, entonces empezamos a mirar ediciones anteriores y posteriores, íbamos sumando y al final acumulamos 59 artículos, todos firmados por William Greenwood, bajo el título de “Patagonia”. Esto, sin duda alguna, por su antigüedad, por su autenticidad, tenía que haber sido lo que Borgialli estaba mencionando. El tenía razón: un diario inglés, pero no publicado en Inglaterra sino que en la Argentina. No era un error sino la interpretación.
Al leer estos artículos con mayor atención nos dimos cuenta que existe una amplia cantidad de temas que él trata en profundidad y datos nuevos. No nos quedó otra opción y nos sentimos obligados, francamente, a publicarlo, pero esta vez no en el sitio web (patbrit) sino que optamos en hacerlo en forma de libro. En primer lugar: este libro debíamos traducirlo al español para que llegara a todo el público local; segundo: esto parecía ser la totalidad de la obra y si faltaran capítulos nos llevaría mucho tiempo rastrearlos sin saber los resultados, entonces no íbamos a omitir nada salvo en casos de repetición. En tercer lugar: el material se asemeja a un libro del siglo XIX, un trabajo antiguo, entonces íbamos a hacerlo parecido a un libro de esa época, sin fotografías, ni colores, pero sí habría ilustraciones en blanco y negro para realzar el texto. Así logramos dar con una artista, Julieta Fernández Cánepa, que dibujara más de setenta imágenes originales. Y es argentina.
Así seguimos adelante con el proceso y terminamos con la publicación de dos libros: uno en inglés y otro en español. 
Esta es una obra sin igual sobre una persona que la región no ha visto más ni va a haber otra porque realmente fue una persona excepcional.

Gladys: Con esto de trabajar tanto tiempo con Greenwood terminamos sintiendo que este señor era como un pariente nuestro. 
¿Cómo es el hombre detrás de la pluma? Greenwood nació en Inglaterra en 1849. Era el menor de 15 hermanos, hermanos y hermanastros y de una familia bastante acomodada. Su padre era ministro de la Iglesia Anglicana. Para darnos una idea de lo que debe haber sido el ambiente familiar de Greenwood, ambos abuelos habían sido ministros de la Iglesia, tíos, hermanos y cuñados. Es por eso que nos imaginamos el ambiente serio, formal de la época victoriana en que creció el pequeño William.
El padre era un estudioso de lenguas clásicas y fue director de un exitoso colegio en las afueras de Londres. Este ambiente familiar nos empieza a dar una pista de por qué Greenwood es como es.
El andaba con sus libros hacia todas partes y les leía en traducción las obras de Dickens a los baqueanos y peones que andaban con él, dicen que lo disfrutaban mucho…personajes como Oliver Twist y David Copperfield. Charles Dickens era el best seller del momento. Este dato ya lo hace diferente a cualquier baquiano que podamos encontrar, de hecho pensamos en algún momento titular al libro “El baquiano ilustrado”, sin embargo podemos apreciar lo estricto que debe haber sido el ambiente familiar y la libertad que pudo haber sentido cuando llegó a América.
En 1870 partió de Inglaterra con 21 años, llegó a Buenos Aires, hizo un viaje corto al Chubut, buscando oro con unos amigos.
En 1872 se encontraba en Punta Arenas, que en esa época se la conocía como “La Colonia”, un asentamiento pequeño. Tenía un capital porque se estableció con algunos negocios, pero no eran su punto fuerte porque dos o tres años después estaba en bancarrota. En vez de regresar a Europa decide internarse en la Patagonia. Había entablado amistad con Santiago Zamora, que era el prototipo del baquiano de la época, que le enseñó todo lo que necesitaba saber para sobrevivir campo abierto, tan diferente a la vida sofisticada que había llevado antes.
Empiezan a buscar oro, capturan ganado salvaje, buscaron y encontraron los baguales, aquellos caballos cerriles que nadie encontraba, exploraron, guiaron expediciones, comerciaban con plumas y pieles, hacían de todo para ganarse la vida y realmente era esta la Patagonia bravía. Era el período de florecimiento de estos baquianos, pero todo esto tenía su precio...
Una década después Greenwood estaba cansado y el cuerpo no le daba más. El se había hecho amigo de Henry Reynard, que poseía capitales en Chile y le propuso ha-cerse ovejero y poner una estancia en tierras que él tenía en Santa Cruz. Establecen la estancia “Cañadón de las Vacas”. 
El libro lleva en gran parte la época baquiana, sus aventuras, sin embargo hay un capítulo sobre las ovejas, que, a quienes tengan que ver con la cría de ovinos, les va a entretener. Greenwood escribe de un modo sencillo, como quien cuenta algo alrededor de la fogata… En un párrafo dice: “El buen pastor mencionado en la biblia debe haber estado dotado de cantidades asombrosas de bondad, paciencia y aguante si realmente amaba a sus animales, y las ovejas mismas, deben haber sido ovejas modelo, no comparables con las nuestras en la Patagonia. Estoy ciento por ciento seguro que ninguno de mis animales me seguiría o vendría a mi llamado en ningún momento. Al contrario. Invariablemente, las ovejas hacían lo imposible para fastidiarme. Como regla general, recienten la amabilidad, desprecian el afecto hacen todo lo posible para convertir a sus dueños y ovejeros en locos de remate”. Esta era su relación con las ovejas que a veces no llegaba a ser muy buena, pero para alguien guardaba William mayor enojo. Los pumas. No los podía ver. Se jactaba de haber matado al menos mil. Esto era porque mataban muchas ovejas. 
Quiero hacer una aclaración: Estamos hablando del siglo XIX y la sensibilidad era totalmente diferente. En el libro existen partes crudas que nos pueden chocar, pero era la realidad en esa época y Greenwood, como buen cronista, lo relata tal como lo era, nada “políticamente correcto”.

Este trabajo con las ovejas lo frustraba bastante, sumado al hecho de estar sujeto a una rutina que lo desconcertaba, entonces Reynard lo persuade de que viaje a Inglaterra para descansar una larga temporada. Un 14 de febrero Greenwood se casó con Alice Shefferd. Es curioso que en diciembre de ese mismo año nuevamente lo halláramos en la Patagonia, pero solo. En ese momento él pule sus escritos y los prepara para su publicación. El quiere escribir para entretener y para educar, además sobre Patagonia en esos años no se sabía mucho. Está decidido a dar a conocer la Patagonia… Hay detalles domésticos acerca de cómo se hacían la ropa cuando se les echaba a perder… Utilizaban pieles de huemules jóvenes que ablandaban y sobaban hasta suavizarla para confeccionarse unos estupendos calzoncillos y camisetas. En el caso de los abrigos, con piel de puma. 
El trata de aclarar que tampoco eran salvajes y que estaban tratando de guardar las tradiciones cuando cuenta que para una Navidad ellos preparan dulces exquisitos con grasa de avestruz y mutilla, un ganso asado y frutos silvestres. Estos son detalles muy simpáticos… como que los dientes de león es lo preferido de los charitos o cuántos metros necesita un cisne de cuello negro para levantar vuelo. Greenwood se fascina con la naturaleza… el Salto del Payne, el lago Argentino, que encuentra fabuloso, y es el primer promotor del turismo… Monte León…

En cuanto a entretención cada capítulo tiene una anécdota. En uno cuenta que quería domesticar zorrinos, no obstante pone especial énfasis en el cariño por sus caballos y perros que quiere tanto que parecen humanos. 
Nos menciona mucho a Santiago Zamora que fue su mentor. Menciona además a Asencio Brunel -el ladrón de caballos- que es una figura casi legendaria en la Patagonia y Greenwood lo conoció de niño y fue su asistente. El jefe tehuelche Pedro Mayor, que lo recuerda como modelo de persona por su generosidad para indios como para cristianos. Hay un capítulo sobre los tehuelches.
El mismo vivió y contó sus aventuras del invierno de 1877 cuando se trasladaba desde Morro Chico hacia Punta Arenas con sus caballos y perros, cargado de pieles, y lo sorprende una nevada, una especie de terremoto blanco donde se congeló todo y llevó cerca de tres meses la ida y vuelta.
Otro hecho histórico que él vivió fue la erupción del volcán Lautaro y cuenta lo que les sucedió estando en campo abierto: “Por algunas horas lo pasamos muy mal, casi sofocados. Por detrás del Chaltén se levantaba una inmensa columna de denso humo negro. A largos intervalos salían bellas llamas brillantes acompañadas de fuertes ruidos. El profundo “run run” o sonido retumbante o palpitante-no sé cómo definirlo-era decididamente lo más impresionante que yo había escuchado en mi vida” y después sigue narrando sobre las densas nubes de cenizas. Este volcán hizo erupción en 1883.
Estos textos fueron presentados en 1900, ahora, 115 años más tarde, Duncan y yo queremos transmitirles el entusiasmo por este material, por estos escritos de Greenwood, que son una verdadera cápsula del tiempo de la vida en la Patagonia temprana. Como dijo Mateo Martinic: “Esto ya es historia porque es irreversible” y por lo tanto es parte de nuestro patrimonio cultural.
Con mucha alegría les presentamos “Patagonia Bravía”, escrita por el baquiano William Greenwood, o don Guillermo, con su Paso y su Arroyo.

Los editoresGladys Grace Paz, de antigua familia magallánica, realizó estudios de doctorado en lingüística en la Universidad de Georgetown, Washington, DC. Durante su carrera ha desarrollado e impartido seminarios sobre comunicaciones escritas en varios países de Hispanoamérica. Ultimamente se ha dedicado a la edición paleográfica de documentos coloniales españoles, como ayuda para historiadores y genealogistas.
Duncan Campbell, escocés, es ingeniero informático, autor de “La presencia británica en la Patagonia austral” (pat.brit), página web que ha obtenido reconocimiento internacional, y que fuera seleccionada por la Biblioteca Británica (British Library) para su archivo permanente. Ha sido un gran propulsor del uso de internet, como vehículo para la preservación y difusión de todo tipo de materiales históricos.
Juntos son autores de la “Pequeña biblioteca patagónica”, sitio bilingüe donde presentan narraciones originales del pasado. Residen parte del año en Ultima Esperanza, Chile, y visitan Santa Cruz desde 2002 para sus investigaciones. 
Viernes 6 May 2016