La música de guaracha recorre el local de El Queltehue con sus mesas y sillas en espera.
Lázara: (Acodada en el mostrador con un vaso de cerveza en su mano) Tardan...
Sra. Bélgica: (Apareciendo en escena) Siempre tardan...
Lázara: Hoy tardan.
Sra. Bélgica: (Con un bostezo) Hoy, ayer y mañana, y...
Lázara: (Interrumpiendo) No sé, hoy me parece que tardan... y demasiado. ¿Cuántos vinieron ya?
Sra. Bélgica: Uno. El que está (señala) en aquella... (sorprendida) pero ¡ya no está! (con asombro) recién lo vi... estaba (pensativa), estaba bien borracho... sentado en la mesa aquella...
Lázara: ¿Y?
Sra. Bélgica: ¡No se podía mover! ¡Créame!
Lázara: (Con sorna) ¡Se esfumó! ¡Se esfumó! ¡Se multiplicó por cero!
Sra. Bélgica: ¡No importa, Lázara!
Lázara: ¿Pagó?
Sra. Bélgica: ¡Por eso...! Ya pagó. (Cómplice) Uno menos para renegar. Además me parecía que no tenía mucha platita…
Lázara: Deseguro que se fue al baño...
Sra. Bélgica: Peor para él... ¿baño? (señala la puerta del baño en donde hay una inscripción hecha con carbón que dice “baño”) Lo único que tiene es la puerta. (Con ademanes graves) Abre la puerta ¿y qué encuentra? ¡la nada! Pura pampa… puro campo vacío…
Lázara: ¡Por eso! Lo mearán los perros o los otros que vayan a mear durante la noche... No importa, pero... ¡cambie la música, por favor! Ponga algo de José Feliciano.
Sra. Bélgica: Me da sed... y llego averiada a la madrugada... Feliciano me hace recordar cosas melancólicas... cosas del pasado... (se toca el corazón) cositas.
Lázara: Cuide su hígado, Sra. Bélgica. Le digo porque yo ya no sé si lo tengo de tanta cerveza, Cola e’ mono y otros alcoholes. (Ruega) ¡Ponga a Feliciano, señora!
La voz de José Feliciano recorre los estantes atestados de bebidas y banderines de colores vivos en El Queltehue.
Sra. Bélgica: ¿Y ahora?
Lázara: Tardan, Sra. Bélgica.
Sra. Bélgica: Ya van a venir. Paciencia, Lázara.
Silencio.
Sra. Bélgica: Paciencia. Los mineros vienen después de las doce de la noche...
Lázara: Los centolleros y los otros pescadores ya saben estar...
Sra. Bélgica: Los viernes suelen venir antes los campesinos del Kaikén Aike, los de La Criollita, o también... ¡Los de la Báscula del puerto llegan a esta hora...!
Lázara: Hoy es sábado 24 de septiembre (como si hubiera recordado algo) ¡Ay! ¡Ay!
Sra. Bélgica: (Con aflicción) ¡Dios mío, Lázara, hoy se han cumplido cuatro meses desde la muerte de su Israel...! ¡Pobre...! Pobrecito...
Lázara: Pobrecito Israel Makenna... Recién le pude dar cristiana sepultura hace unos días. El invierno había metido un hierro en la tierra...
Sra. Bélgica: (Rezonga) Algo tendrán que hacer aquí en el Fiordo. Alguna vez tendrán que hacer algo. Tendrán que comprar una pala, una máquina, pienso. Ya se ve que no podemos amontonar a los muertos hasta la primavera. La morgue o las cámaras del frigorífico ya no dan abasto. Para colmo con tantas muertes que hemos tenido el año pasado. Israel Makenna; Santiago; el Nan; Huanchullán... Pienso que algo deben hacer, ¿no? No podemos esperar hasta la primavera para darles cristiana sepultura...
Lázara: Algo... (con duda) Algo...
Sra. Bélgica: Una pala mecánica, pienso...
Lázara: (Llorisquea) Pobrecito...
Sra. Bélgica: (Acercándose contrita) ¡Una pala mecánica! Pienso… (Hace un mohín) ¿Me escuchó? ¡Una pala mecánica! ¡Una solamente!
Lázara: (Abrumada) Como dice Ud., una...
Sra. Bélgica: ¡Pala! ¡Pala mecánica, Lázara! Ya no podemos esperar hasta la primavera y los deshielos para hacer un hueco en la tierra y dar sepultura a nuestros muertos.