Jueves 28 de Junio de 2012
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13er edición
‘Las Amanecidas del Fiordo Caupolicán’ fue premiada en certamen nacional
El trabajo de dramaturgia de Aníbal Albornoz Avila resultó premiado en el Concurso Nacional de Obras de Teatro. El escritor llegó a la localidad de 28 de Noviembre a los 4 años, con sus padres, cuando se fundaba la ciudad.
Jueves 28 Jun 2012

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Días atrás, el escritor Aníbal Albornoz Avila, de la localidad de 28 de Noviembre, fue premiado por su obra Las Amanecidas del Fiordo Caupolicán, texto de un acto, encuadrado dentro de las denominadas “obras de cámara”. Dicho premio se enmarcó en el 13er Concurso Nacional de Obras de Teatro, organizado por el Instituto Nacional del Teatro.
Este premio se agrega a innumerables reconocimientos a su trabajo de dramaturgia, tales como los premios Bernardo Canal Feijoó, en dos oportunidades, con sus obras El Maridaje de Ivanhika Gorki y El Carpintero de Hiroshima, además del Premio Nacional Cultura Nación con Aguas de Lavar Almas -también merecedora del Premio Municipal de Literatura- e igualmente finalista del premio internacional Casa de las Américas con el texto teatral La flor torrentosa. Ha sido también galardonado con otras distinciones internacionales, regionales y provinciales en los géneros poesía, cuentos, canciones (letras de su autoría) y premiado dos veces por el Fondo Nacional de las Artes.
Publica poesías, relatos y artículos de crítica literaria en diarios y revistas nacionales y de otros países. Ha dirigido el elenco estable de la UART (Unidad Académica Río Turbio) de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, como dramaturgo, puestista y director. 
Ha creado, con letras de su autoría, canciones con músicos de este país como Raúl Carnota, Eduardo Guajardo, Ramón Navarro (h), Rubén Cruz, Mario Díaz y otros músicos del cancionero nacional. 
Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías poéticas, tales como la antología latinoamericana Este canto es América, Antología de poetas argentinos (Edición de la Biblioteca Nacional) y otras antologías provinciales. Las canciones con poemas de su autoría han sido grabadas por Juan Iñaki, Eduardo Guajardo, Mario Díaz, Laura Albarracín, Sylvia Zabzuck, Grupo vocal Aguablanca, Rubén Cruz, Sofía Ortiz y otros intérpretes argentinos. 
Sus textos también pueden encontrarse en distintas páginas, antologías y revistas digitales regionales, nacionales e internacionales, algunas de las cuales son:
- Revista Navegantes de la Cruz del Sur (Argentina)
- Revista Con Voz Propia (Argentina)
- Boletín de la Red de Escritores (Colonia-Uruguay)
- Revista Letras en el Andén (Argentina)
- Revista Trilce (Barcelona, España)
- Revista Trauco (Chile) 
http://proyectobibliotecapatagonica.blogspot.com.ar/search/label/Albornoz Avila Anibal (Argentina)

Sinopsis 
En un bar austral instalado en un fiordo de frontera, tres mujeres: Lázara, la Sra. Bélgica y la Tía Teo, llamadas “las amanecidas”, esperan la llegada de sus clientes, que son, como sucede por lo general en un ámbito pueblerino, marineros, campesinos, pescadores y mineros del carbón. Un parroquiano, conocido como El Jaiva, trae una dolorosa noticia que produce una sentida amargura en ellas, mientras se suceden distintos hechos cotidianos que hacen jugar a las mujeres rituales tristes y otros alegóricos y risueños en las horas de la noche, todo dentro de una larga espera de música, cigarrillos y alcohol.

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Fragmento de “Las Amanecidas del Fiordo Caupolicán
 
La música de guaracha recorre el local de El Queltehue con sus mesas y sillas en espera.

Lázara: (Acodada en el mostrador con un vaso de cerveza en su mano) Tardan...
Sra. Bélgica: (Apareciendo en escena) Siempre tardan...
Lázara: Hoy tardan.
Sra. Bélgica: (Con un bostezo) Hoy, ayer y mañana, y...
Lázara: (Interrumpiendo) No sé, hoy me parece que tardan... y demasiado. ¿Cuántos vinieron ya?
Sra. Bélgica: Uno. El que está (señala) en aquella... (sorprendida) pero ¡ya no está! (con asombro) recién lo vi... estaba (pensativa), estaba bien borracho... sentado en la mesa aquella...
Lázara: ¿Y?
Sra. Bélgica: ¡No se podía mover! ¡Créame!
Lázara: (Con sorna) ¡Se esfumó! ¡Se esfumó! ¡Se multiplicó por cero!
Sra. Bélgica: ¡No importa, Lázara!
Lázara: ¿Pagó?
Sra. Bélgica: ¡Por eso...! Ya pagó. (Cómplice) Uno menos para renegar. Además me parecía que no tenía mucha platita…
Lázara: Deseguro que se fue al baño...
Sra. Bélgica: Peor para él... ¿baño? (señala la puerta del baño en donde hay una inscripción hecha con carbón que dice “baño”) Lo único que tiene es la puerta. (Con ademanes graves) Abre la puerta ¿y qué encuentra? ¡la nada! Pura pampa… puro campo vacío…
Lázara: ¡Por eso! Lo mearán los perros o los otros que vayan a mear durante la noche... No importa, pero... ¡cambie la música, por favor! Ponga algo de José Feliciano.
Sra. Bélgica: Me da sed... y llego averiada a la madrugada... Feliciano me hace recordar cosas melancólicas... cosas del pasado... (se toca el corazón) cositas.
Lázara: Cuide su hígado, Sra. Bélgica. Le digo porque yo ya no sé si lo tengo de tanta cerveza, Cola e’ mono y otros alcoholes. (Ruega) ¡Ponga a Feliciano, señora! 

La voz de José Feliciano recorre los estantes atestados de bebidas y banderines de colores vivos en El Queltehue.
Sra. Bélgica: ¿Y ahora?
Lázara: Tardan, Sra. Bélgica.
Sra. Bélgica: Ya van a venir. Paciencia, Lázara. 

Silencio.

Sra. Bélgica: Paciencia. Los mineros vienen después de las doce de la noche...
Lázara: Los centolleros y los otros pescadores ya saben estar...
Sra. Bélgica: Los viernes suelen venir antes los campesinos del Kaikén Aike, los de La Criollita, o también... ¡Los de la Báscula del puerto llegan a esta hora...!
Lázara: Hoy es sábado 24 de septiembre (como si hubiera recordado algo) ¡Ay! ¡Ay!
Sra. Bélgica: (Con aflicción) ¡Dios mío, Lázara, hoy se han cumplido cuatro meses desde la muerte de su Israel...! ¡Pobre...! Pobrecito...
Lázara: Pobrecito Israel Makenna... Recién le pude dar cristiana sepultura hace unos días. El invierno había metido un hierro en la tierra...
Sra. Bélgica: (Rezonga) Algo tendrán que hacer aquí en el Fiordo. Alguna vez tendrán que hacer algo. Tendrán que comprar una pala, una máquina, pienso. Ya se ve que no podemos amontonar a los muertos hasta la primavera. La morgue o las cámaras del frigorífico ya no dan abasto. Para colmo con tantas muertes que hemos tenido el año pasado. Israel Makenna; Santiago; el Nan; Huanchullán... Pienso que algo deben hacer, ¿no? No podemos esperar hasta la primavera para darles cristiana sepultura...
Lázara: Algo... (con duda) Algo...
Sra. Bélgica: Una pala mecánica, pienso...
Lázara: (Llorisquea) Pobrecito...
Sra. Bélgica: (Acercándose contrita) ¡Una pala mecánica! Pienso… (Hace un mohín) ¿Me escuchó? ¡Una pala mecánica! ¡Una solamente!
Lázara: (Abrumada) Como dice Ud., una...
Sra. Bélgica: ¡Pala! ¡Pala mecánica, Lázara! Ya no podemos esperar hasta la primavera y los deshielos para hacer un hueco en la tierra y dar sepultura a nuestros muertos.
Jueves 28 Jun 2012