El trabajo del puestero en la estancia, silencioso, anónimo, guardaba innumerables vivencias, aún más si aquel ovejero tenía una familia. Avelino y José Galvarino, los hermanos Eugenio, trabajaron a brazo partido en el campo, formaron sus familias, criaron a sus hijos y soñaron con un futuro mejor.En aquella época, los colegios Salesiano y María Auxiliadora tuvieron un invalorable papel, al aceptar que los hijos de los pobladores fueran como pupilos para completar sus estudios, en tiempos en que un sexto grado garantizaba una salida laboral y un proyecto de vida.
1 de 55
Hijos de Avelino Eugenio y María Cárdenas
Ignacio Eugenio fue a trabajar a la cabaña de animales finos de “Monte León”, y le tocaba viajar en barco a Buenos Aires con los que la estancia presentaba en la exposición de Palermo. Más adelante, 1949, se quedó en el pueblo y trabajó en Obras Sanitarias, con pala y picota, donde se hicieron tres o cuatro leguas desde la toma al pueblo. Después Ignacio entró en Aerolíneas, pero, cuando la empresa cerró en Santa Cruz, él se trasladó a Comodoro Rivadavia, donde trabajó hasta jubilarse. Está casado con Margarita Paredes y tuvieron dos hijas: Cristina y Mariela. Cristina se casó con Román Barría y tienen a Brian. Mariela es mamá de Daniel, está casada con Ceferino Cano y tienen a Romina, Federico, Oriana y Fiamma.
Avelino Eugenio terminó la primaria y quedó de ayudante de cocinero y vivía en el colegio, pero, como de noche los curas ponían llave a la puerta y a veces él volvía tarde, un día se enojó y se fue. Entonces entró en la Tienda “Selecciones”, de Negro, después pasó a “La Anónima” y lo mandaron a las sucursales de Río Turbio y Río Gallegos. Más adelante ingresó a Vialidad Provincial, donde se jubiló. El estuvo casado con María Loaiza y tuvieron a Alberto, Susana, Juan Carlos, que falleció bebé, Ana María y Graciela. Avelino (h) falleció en los ‘80.
Alberto Eugenio estuvo casado con Adriana Gómez y tuvieron tres hijos, Carla, Facundo y Emiliano. Más tarde, de su unión con Mónica Vera, nació Sofía.
Carla Eugenio se casó con Javier Rodríguez y tienen a Tomás y Valentín. Facundo Eugenio es papá de Gerónimo.
Emiliano Eugenio está en pareja con Jesica Macchi y tienen a Alexis. Susana Eugenio tuvo a su hija Andrea, Susana falleció.
Ana María Eugenio se casó con Adrián Gayet y tienen a Daniela y Fernando. Graciela Eugenio está casada con Horacio Barrientos y son los padres de Ignacio.
Domitila Humphryes: Mi esposo, Celestino Eugenio, estudió en el Colegio Salesiano y después siguió Contabilidad por correspondencia en la Escuela Latinoamericana, recibiéndose de perito contable. Hizo el servicio militar durante dos años y como trabajaba muy bien de contador, no querían darle la baja. Después entró en Puerto Santa Cruz a la oficina comercial “Harris”. En 1957 se trasladó a Río Gallegos y trabajó en la oficina de los hermanos Artemio y Celestino Tresguerres. En esos años conoció al contador Raúl Pellón y acompañó al grupo del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). Más adelante, le ofrecieron un lugar en el Ministerio de Economía, luego pasó como administrativo al Consejo Agrario, pero pocos meses después abrió su propia oficina comercial. Nos conocimos en Economía, porque yo también trabajaba en el ministerio. Muchos años trabajó en APAP con Agulló y Palacios. El aprecio de la comunidad lo obtuvo desde el primer momento en que llegó a la ciudad.
En 1959 nos casamos y tuvimos una hija: Stella Maris. Celestino falleció.
Stella está casada con Gabriel Levati y tienen dos hijos: Santiago y Gabriela (Ver Dominical: Hermenegildo Cea).
Con Celestino, viajábamos todos los domingos a Santa Cruz a ver a mis suegros, él guardaba gratos recuerdos del campo y su pueblo.
Federico: José Eugenio trabajó en Servicios Públicos en el tiempo de la escalera al hombro, porque no tenían vehículos. Un día que estaba arriba de un poste, la escalera se le patinó, cayó al suelo y sufrió una hemorragia cerebral. El murió en 1965, con treinta y tres años. Es el hijo que mamá dijo que tendría corta vida porque una avutarda lo había mordido en la oreja.
Agustín Eugenio cursó sus estudios como alumno pupilo en el Colegio Salesiano de Puerto Santa Cruz. En 1952 ingresó al Banco Nación y a los seis meses fue trasladado a Río Gallegos. Trabajó diez años en ese banco y luego, en 1962, ingresó al Banco Provincia de Santa Cruz, que hacía poco se había creado. El almorzaba en el Club San Lorenzo, donde conoció a doña Dalmacia de Eemans, quien pasó a ser como su segunda madre y surgió de allí una gran amistad con su hijo Carlos. Agustín se casó con María Brunilda Gallardo en 1959 y tuvieron cuatro hijos: Mónica, Daniela, Silvana y Elio Pablo.
En 1969 Agustín fue trasladado como contador a la sucursal Pico Truncado del Banco Provincia, luego como gerente en 1974 a Las Heras; en 1977 a Perito Moreno; en 1979 a Río Turbio y en 1984 a Comandante Luis Piedra Buena, hasta 1988. Una vez jubilado, se radicó definitivamente en Río Gallegos.
En todas y cada una de las localidades en que se desempeñó, dejó muy buenos amigos, ya que siempre fue compañero, amigo, compinche, dedicado, una persona de bien y muy confiable, un hombre de palabra de los que quedan poquísimos, sus amigos lo conocían como el “Chocho Eugenio” o simplemente “Chocho”.
El era amante de los asados, el truco, la caza, pero especialmente de la pesca, tanto de mar como de río o lago.
Mónica tuvo tres hijos: Martín, Marcelo y Laura. Daniela es mamá de Angelo y Agustina. Silvana tuvo a Guadalupe y a Baltasar.
Elio estudia guitarra en el Conservatorio Provincial de Música.
Agustín Eugenio falleció en 2003 y a los seis meses, en un accidente aéreo, falleció Mónica, la hija mayor, después nacerían Olivia, hija de Marcelo, y Candela, hija de Martín.
Federico: En el último año del Colegio Salesiano, los curas quisieron convencerme de que siguiera la carrera sacerdotal, pero no quise hacerlo, entonces, en 1953, entré de cadete a la Argensud. Tenía quince años. Me tocaba ayudar en la ferretería, pero me llamaban del almacén y la tienda, y tenía que salir a repartir y tomar pedidos. Me tocaba embalar los pedidos de mercaderías para las estancias del lago (Argentino). Me acuerdo que los hermanos Iglesias fleteaban con un camión.
Más adelante me mandaban a tomar pedidos con la libreta casa por casa y en los hoteles, y debía saber los precios, que llevaba anotados, después hacía el reparto. En ese tiempo los precios no cambiaban durante mucho tiempo. Si había aumento, primero se vendía todo el stock del producto y recién el lote nuevo tenía el incremento. No existía, como ahora, lo de remarcar de un día para el otro.
Había que intentar vender varios artículos, porque esa era la regla, entonces debíamos ofrecer al cliente permanentemente, porque el gerente o el contador estaban mirando. El vendedor de la calle era lo mismo, porque no era cuestión de mover el camión del negocio por un kilo de cebollas, es decir que tenía que tratar de encajarle al menos diez artículos. Había días que eran las doce de la noche y estaba en la calle repartiendo mercadería, pero como pagaban comisión, uno se esmeraba.
Me ofrecieron entrar al Banco Nación y al Correo, pero como había nacido en Punta Arenas no podía, antes tenía que sacar la Carta de Ciudadanía.
En 1970 fui a hablar con el interventor de Servicios Públicos, porque quería aprender en la sala de máquinas, pero me dijo que no había vacantes: “Si querés venir a perder el tiempo, vení”, entonces empecé a trabajar y aprender hasta que a los tres meses me pidieron como maquinista diesel. Unos dos años después me dijeron que tenía que sacar la Ciudadanía sí o sí, de lo contrario me echaban, entonces hice los trámites.
En 1978, por el conflicto con Chile, me dijeron que renunciara, pero que después me volvían a tomar, entonces pedí la baja y en ese momento abrí el Night Club “Mustang Ranch”, con el que me iba tan bien que no quería volver al trabajo anterior, pero a los seis años volví a Servicios Públicos.
Me casé con Angela Lleucún, que trabajaba en el hotel “Comercio” y tenemos ocho hijos: Alejandra, José Luis, Héctor, Isabel, Avelino, Carlos, Gonzalo y Víctor.
Alejandra trabaja en la Hostería Municipal y tiene una hija, Salomé. José Luis es repartidor del mercado central en Asunción del Paraguay. Tuvo una hija, María Jimena, de su unión con Sara Benítez, después él formó pareja nuevamente y tuvo a Luis Fernando y María Victoria.
Héctor trabaja en Servicios Públicos y tiene dos hijos, Teo y Thiago.
Isabel se casó con Gabriel Riffo y tiene a Soledad y Rodrigo. Ella trabaja en el comercio “Fid-Card” y Gabriel hizo el curso de embarcado y trabaja en el puerto cuando hay movimiento.
Avelino trabaja en una empresa de construcción y es papá de Kevin.
Carlos es maquinista en una empresa, es papá de Milagros y Carlos Efraín.
Gonzalo trabaja en Servicios Públicos, está en pareja con Susana Veloso y tienen a Jonathan.
Víctor terminó sus estudios secundarios, es muy dedicado y ahora está iniciando los universitarios. Es el “historiador” y el menor de la familia.
Me gustan los caballos y la doma, y ahora que estoy jubilado lo disfruto. En 1996 era el tema de los Hielos Continentales. El 12 de octubre -aniversario de El Chaltén- querían hacer un acto especial en Lago del Desierto, en reclamo por la soberanía. Me llamaron para preguntarme si me animaba a ir a caballo desde Puerto Santa Cruz hasta Lago del Desierto. El llamado me lo hicieron el 27 de septiembre, es decir que no teníamos mucho para pensar. Unos días después, salimos dieciocho hombres y dos mujeres a caballo. Había jinetes de San Julián, Piedra Buena y Santa Cruz. El 12 llegamos al lugar y me tocó estar entre los oradores... Un acto emocionante.
Es así que se me ocurrió formar la Agrupación Gaucha “Lago del Desierto”, compré un predio en las afueras del pueblo y armamos el campo de doma que le pusimos el nombre de papá, “Avelino Eugenio”, que fue hombre de a caballo. Con la Agrupación hemos organizado festivales de doma y carreras de resistencia a Piedra Buena, San Julián y Gallegos.
Después de cincuenta y nueve años hicimos la misma carrera, partiendo desde Río Gallegos hasta Puerto Santa Cruz, bajaron la bandera Leonardo Lewis y Norberto Quinteros, que estuvieron en 1943 en la primera carrera que organizó don Archibaldo Halliday.
Hijos de José Galvarino y Herminia Ojeda
Ubaldo: Apenas terminé el primario, empecé a trabajar en la oficina comercial “Harris”, de los Oroz, donde estuve diecinueve años. Había estudiado Teneduría de Libros por correspondencia en las Academias Pitman. Esta oficina llevaba contabilidades de estancias y tenía representaciones y venta de artículos rurales, después pasé a la Oficina “Agulló”, donde estuve varios años. Ahora trabajo en el Estudio Contable “Colombo”.
Estoy casado con Nora Celada, mamá de Adriana, Alejandro, Belén y Guillermo. Adriana está casada y tiene dos hijos: Joaquín y Azul. Belén es mamá de Rocío.
Daría: Hice el secundario pupila en María Auxiliadora de Río Gallegos, mis tutores fueron mi primo Agustín Eugenio y su esposa, Brunilda Gallardo, que me visitaban los domingos. Una vez al año podía ver a mis padres, solamente en invierno. ¡Si habré llorado en ese colegio!… ¡el frío!… ¡los sabañones! Y eso que vivíamos con guantes y bufandas adentro. Entiendo que era costosa la calefacción, que se encendía un ratito cuando nos bañábamos los miércoles y sábados.
En 1966 me recibí de Maestra Normal Nacional y volví a Puerto Santa Cruz.
Mamá era una mujer simple, pero muy intuitiva, tenía esa sabiduría que sólo Dios sabe dar a las madres. El 8 de marzo de 1967 fue mi primer día de clase como maestra de dieciocho años, se ve que me notó muy ansiosa y nerviosa con los preparativos… Comenzábamos a las trece y treinta, sólo acto de apertura, porque el Colegio Salesiano tenía escolaridad en doble turno en esos años… Me preparé y cuando acerqué a despedirme, ella me dijo: “Esperá, yo te acompaño un poquito, así te vas más tranquila”. Se sacó el delantal de cocina y nos fuimos distendidas hasta la casa de Borea. Ahí me dio un abrazo y me dijo: “¡Suerte, hija!, ¡siempre te va a ir bien!”.
Empecé a trabajar en el Colegio Salesiano, después en María Auxiliadora y en la Escuela 2. Un recuerdo imborrable: Mi papá me preparaba especialmente el café y las tostadas sobre la plancha de la cocina económica.
Me casé en 1972 con José Juan Carina, que trabajaba en Prefectura. El vino de Bahía Blanca.
En 1990 ya era directora de la Escuela de Adultos 17, cuando me designaron supervisora de escuelas de adultos de la zona sur (Calafate, Río Turbio y Río Gallegos). Mi esposo pidió el traslado y vinimos a Gallegos con los cuatro hijos: María Belén, Pablo, María Noel y Diego Javier.
María Belén trabaja en Personal del Consejo de Educación. Estuvo casada y tiene dos hijos: Rocío y Jeremías Larsen. Rocío estudia Kinesiología.
Pablo es tesorero del Banco Nación en Gallegos. Está en pareja con Mariana Suárez Moré y tienen a Valentino.
María Noel trabaja en el Hospital de Puerto Santa Cruz. Estuvo casada y tiene tres hijos: Agustín, Máxima y Antonella.
Diego trabaja en un comercio mayorista.
Me jubilé en 1992, actualmente, desde hace dieciséis años me desempeño en una ONG, la Biblioteca Popular “Ciudad del Nombre de Jesús”. Realmente, siempre sentí a lo largo de mi tarea docente esta protección maternal del primer día, que me permitió recorrer en la vida todos los escalones de la carrera y llegar con satisfacción hasta la supervisión… ¡Gracias mamá!, tu bendición me acompañó siempre.
Mi esposo se retiró en 1999, pero tres años después la fuerza lo convocó como retirado en servicio, ocupándose ahora del Museo de la Prefectura.
René Eugenio estudió en el Colegio Salesiano de Santa Cruz, después continuó el secundario en el Colegio Salesiano de Río Gallegos. En 1969 egresó como Perito Mercantil Nacional. El haber terminado con el segundo mejor promedio le permitió ingresar al Banco Provincia de Santa Cruz sin examen de ingreso, dado que los tres primeros del curso gozaban de este beneficio. En 1970 empezó en el banco como auxiliar administrativo y trabajó en varias sucursales, entre ellas, como tesorero en Puerto Santa Cruz. En 2000 se jubiló como jefe de Departamento de primera y la función de gerente sucursal Gallegos, con treinta años de servicio.
René estuvo casado y tiene tres hijos: Fernando Marcelo, Guillermo Luis y José Oscar. Después, de otra unión, nació Luis Eduardo, que falleció el año pasado.
Fernando Eugenio y Karina Barragán tienen a Gonzalo, Sofía y Santiago.
Guillermo Eugenio y Valeria Cabrera son padres de Guillermo, Marianella, Maximiliano y Camila.
José Oscar Eugenio y Romina Navarro tienen a Florencia y Elías.
Estela: Hice mis estudios primarios en María Auxiliadora y secundarios en el Colegio Provincial 8 de Santa Cruz. En la adolescencia, como me gustaba tener mis ingresos, trabajaba de niñera, cuidando a hijos de alguna docente o ayudando a los niños en edad escolar en sus tareas, cobraba por hora.
En 1976 terminé de estudiar y ya trabajaba en la oficina “H. W. C. Rollit”, que llevaba contabilidad de estancias. En 1979 me fui a estudiar el Profesorado para la Enseñanza Primaria en el Instituto María Auxiliadora de Comodoro Rivadavia. Cuando regresaba en las vacaciones, siempre buscaba trabajo, así estuve como administrativa en la oficina de Ramón Agulló y en otros comercios. En la empresa “Coletto”, luego “Arguinsor”, cuando se estaban construyendo las casas del Barrio Militar, estuve casi un año. Mientras, iba a rendir los finales a Comodoro Rivadavia.
También trabajé en “Chic Sur” de “Tito” Alvarez, cuando ya estaba recibida de maestra.
En 1982 comencé a trabajar en María Auxiliadora, donde había hecho la primaria. En 1990 pasé a la Escuela 2, también trabajé en la Escuela 17 Entre Adultos y en el CENS 5. En 2006 me designaron directora y en 2009 me jubilé.
Estoy casada con Raúl Sesnich y tenemos dos hijos: Marcelo Nicolás y Laura Noemí. Mi esposo trabajaba en la sección de repuestos de la oficina “Rollit” y ahora trabaja en la Municipalidad, pero está adscripto en el Registro Civil.
Marcelo estudió para Despachante de Aduana y ahora está haciendo una especialización en Comercio Exterior, además está terminando la Tecnicatura en Museología. El está en pareja con Julieta González y tienen un hijo: Mirko. Laura estudia Licenciatura en Letras e Idiomas.
Sonia: Hice el primario en María Auxiliadora y después del secundario en el N 8 de Santa Cruz, estudié Enfermería Profesional en Río Gallegos y trabajaba de administrativa en el Consejo de Educación. En 1985 volví a Santa Cruz, trabajé en el CENS N 5 y en el Hospital, donde continúo. Estuve casada y tuve dos hijas: Lucía y Macarena Podestá. Lucía estudia Profesorado de Historia y Despachante de Aduana, además hace con su primo la especialización en Comercio Exterior. Macarena está terminando el Polimodal.
Daría: Nuestros padres nos inculcaron la cultura del trabajo, un valor bastante devaluado hoy en día; a vencer la adversidad; el deseo de superación desde la educación y el trabajo, para realizarnos en la vida, y el amor de la familia unida, siempre procurando que esté reunida.
Estela: Ambos fueron auténticos luchadores, humildes, pero con la fortaleza necesaria para esa época, donde la vida era sacrificada, nos educaron con el ejemplo. Nos dejaron la riqueza de la educación hecha valores para que caminemos por la vida éticamente, es por eso que recordarlos es un grato homenaje.
-----
Cansancio y ternura
Corría el año 1.980... Una fría mañana de primavera, fue mi padre a la playa a recoger los peces que la naturaleza deja en las redes, llamadas por los lugareños “trasmayos”... Cuál fue su sorpresa al observar desde lejos, la existencia de un bulto oscuro, junto a un sexteto de róbalos... Casi con apuro sus pesadas piernas lo llevaron a ese lugar, presintiendo que era un temido lobo marino...
Con placer al llegar contempló al indefenso animalito que lo observaba tiernamente.
El, hombre humilde, curtido por el clima y el trabajo, entendió aquel lenguaje marino y agradecido por ese milagro costero, quiso compartirlo con algunos de sus seres más queridos, sus pequeños nietos: María Belén, Pablo y María Noel, Diego era bebé aún.
Como pudo corrió hasta la casa, distante 100 m. de la playa, buscó la caretilla y se fue hacia la costa.
Mi madre que lo observaba se preguntó... ¿Será tanta la pesca para traerla en la carretilla?...
Al momento, lo ve acercarse haciendo un esfuerzo denodado.
Para entenderlo, en aquel entonces, entre la costa y la calle no existían senderos. Se subía como se podía, entre pedregullos, greda y matas.
Al fin llegó a la puerta de la casa con su preciada carga: una tonina overa que mediría 1,20 m.
Llamó a todos para que observaran esta especie de delfín, que graciosamente, miraba a los niños que acariciaban su piel muy bien pintada, con un marcado contraste blanco y negro...
El abuelo protegía al animalito tirándole agua. Pero tuvo que escuchar los “retos” de mi madre y abuela de los pequeños, por hacer esa travesura, que le costaría mucho agotamiento. Pero contestó satisfecho: “Yo sólo quería que los chicos conocieron esta maravilla”. Y empujando la pesada carretilla metálica, inició el camino de regreso, rodeado por los nietos, que festejaban la ocurrencia del abuelo. Llegó hasta donde todavía había mar y con mucho cuidado inclinó la pesada carga. Los niños le dieron un empujoncito y la tonina overa, zigzagueando su aleta dorsal, se despidió de sus amigos con gratitud.
Daría
-----
Abuelo Avelino Eugenio
Llegaste con veinte años
en mil novecientos veinte,
a ésta, mi Patagonia
habitada por Tehuelches.
Eran fríos los inviernos
y pocos los soportaban,
la nieve por las rodillas,
pero tu piel aguantaba.
Como Carretero anduviste
en esta tierra desierta,
Arriero y carrero fuiste,
pues tu huella era incierta.
Diez años después viajaste
a buscar a Galvarino,
tu hermano menor, divino,
que siempre en vos confió.
En Santa Cruz se instaló
y formó una hermosa familia
junto a la tía Herminia,
quien cinco hijos le dio.
Con la abuela María te casaste
y seis hijos te brindó,
vivieron muy juntos siempre
bajo el techo del caserón,
el que nombra Guarany
en Puerto de Santa Cruz, su canción.
Tus hijos al crecer partieron,
pues sus familias formaron,
dieciocho nietos te dieron
y doce bisnietos llegaron.
Han pasado muchos años,
tu hermano y tu esposa se fueron
llevándose como escoltas
a dos de tus hijos con ellos;
y Susana tu nieta también,
partió en el mismo vuelo,
porque Dios los fue llamando:
de a uno, pero en silencio,
para empezar otra vida,
distinta, allá en el cielo.
No quiero ponerte triste,
pues hoy es un día especial,
la familia está reunida
y debemos festejar.
Hoy es quince de diciembre
y estos versos te escribí,
abuelo Eugenio querido
noventa años cumplís,
y mi corazón te dice:
QUE LOS CUMPLAS MUY FELIZ!!!!
Daniela Patricia Eugenio
15 de diciembre de 1990, poema escrito cuando Avelino cumplió 90 años, publicado en La Opinión Austral.
-----
Añoranzas
Lavandera de ropa ajena,
lavandera de las manos frías y de sueños dorados.
Lavandera de ropa clara y almidonada,
lavandera de aguas heladas y calentadas.
Lavandera silenciosa, forjadora de una familia,
lavandera de mi pueblo, de mi Santa Cruz amado.
Al anochecer el quehacer se hacía ceremonioso y desfilaban hacia el comedor gélidas estatuas que encubrían juegos y fantasías.
Hoy el progreso barrió el AYER...
Un ayer sufrido que no conoció comodidades.
Tiempos difíciles de planchados y almidones.
Lavandera sigilosa de largas trasnochadas,
sin saber, lavaste sueños y planchaste esperanzas,
que hoy son realidad...
Tus ojos cual proeza,
vieron el tiempo cambiar. ¡Lavandera!
Hoy quiero testimoniar tu grandeza.
Daría