Domingo 21 de Abril de 2013
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Habladurías con Silvia Correge
De adentro hacia afuera, la búsqueda no termina
Proveniente de la ciudad de Carhué, la “Colo” llegó a Río Gallegos hace 15 años para ejercer el periodismo. Previo a ello, vivió en el norte de nuestro país, en la fascinante Tilcara (Jujuy), aunque además permaneció algunos años en países como Chile o Bolivia, donde, de alguna manera, inició una búsqueda interna que hoy la encuentra apasionada por las prácticas de sanación a través de la energía.
Domingo 21 Abr 2013

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Aunque nació en Capital Federal, Silvia Correge vivió hasta adolescente en Carhué (provincia de Buenos Aires), donde tuvo una infancia sin mayores sobresaltos y con mucha vida al aire libre. Hoy, a la distancia, recuerda esos momentos con agrado, aunque admite no ser muy “apegada” a la familia.
Estudió periodismo en la ciudad de La Plata, pero tardó un tiempo en recibirse puesto que cuando estaba a punto de culminar la carrera, comenzó un peregrinar y una búsqueda interna que la llevó a vivir algunos años en Tilcara, Chile y Bolivia.
De regreso a su pueblo, y con un hijo al cual educar, decidió continuar su camino, fijándose como objetivo venir al sur. Al poco tiempo, establecida en esta ciudad, comenzó a ejercer la profesión en diversos medios, a ganarse amigos y de alguna manera, a hacerse un espacio en la siempre difícil tarea de la información.
Pero no sólo el periodismo la inquieta o le despierta interés, también es adepta a las prácticas relacionadas con la sanación a través de la energía. Y un poco acerca de todo esto también conversamos en la siguiente entrevista que gentilmente nos otorgó.

UNA INFANCIA CON TODAS LAS LUCES
“Siempre pienso que soy una agradecida por haber pasado una infancia, y primera adolescencia en un pequeño pueblo, donde se disfrutan otras cosas y donde el ritmo de vida es muy distinto al de criarse en una ciudad más grande”, apuntó la “Colo” a poco de comenzar la charla que mantuvimos a través de LU 12 Radio Río Gallegos, en donde hizo un repaso de su carrera, aunque también de esos momentos que de pequeña le fueron marcando el camino y despertando anhelos.

LOA: ¿Qué aromas o situaciones te remiten automáticamente a esos primeros momentos de tu vida en Carhué?
Silvia Correge: El olfato es un sentido que me remite a distintos momentos de mi infancia. Y un aroma que me conduce a esos días es el que proviene de la tierra mojada. Es decir, cuando llueve, la tierra larga un olor muy particular, que me trae recuerdos de cuando era niña. Pensaba que era algo que todo el mundo conocía, pero extrañamente me he encontrado con mucha gente que no reconoce ese olor.

LOA: Tus recuerdos entonces tienen que ver con una infancia feliz...
SC: Sí, y que disfruté muchísimo. Fui a una escuela pública, que también siempre rescato y valoro. Creo que en esa escuela primaria aprendí con tremendas maestras y que eso me sirvió luego para el resto de la vida. Está bien, uno sigue aprendiendo, en su paso por la secundaria, la universidad o lo que aprendemos por nosotros mismos; sin embargo, creo que la base clarísima estuvo ahí. 

LOA: ¿Cómo pasabas esos momentos?, ¿con amigos y familia?
SC: Mi núcleo familiar está constituido por cinco hermanos, de los cuales soy la mayor. Después, somos una familia muy grande por parte de mamá, aunque no así por el lado de papá, que era hijo único y que por eso tuvo una familia tan grande. El quería tener una familia grande porque había sido hijo único y de padres mayores. Entonces, un poco su anhelo fue ese. Y después, claro, muchas tías abuelas y amigos. Una vida linda.

LOA: ¿Hablamos de personas con las que te seguís viendo y extrañás o sos realmente muy independiente hasta en eso?
SC: La verdad es que soy bastante desapegada en ese sentido. Desde que salí del colegio secundario y me fui a vivir a La Plata, empecé a caminar sola. Aún estando en mi pueblo, siempre me las ingeniaba para que mis viejos me den permiso para hacer alguna movida, como por ejemplo viajar a algún lado con un grupo de amigos. Siempre fui bastante desapegada, no por falta de amor o cariño, pero sí porque me gustaba explorar. De hecho, no me cuesta tomar esa distancia. Es más, la necesito.

VIAJES QUE MARCAN EL CAMINO
Ese espíritu inquieto que Silvia todavía conserva, en su momento la movilizó lo suficiente como para emprender un viaje a otros confines, lejos de su tierra natal e incluso de esa ciudad donde estaba estudiando la carrera de periodismo. De esas experiencias, hoy quedan los recuerdos signados por una búsqueda interna…

LOA: ¿Cómo se dio la posibilidad de emigrar?
SC: Empecé a viajar con la pareja que tenía en ese momento. Juntos hacíamos artesanías y comenzamos a movernos o a cumplir este sueño que tenía de adolescente, que era viajar y conocer otros sitios, aunque no como turista, sino siendo parte de esos lugares que iba conociendo. De esa manera conocí el norte argentino. Viví en Tilcara dos años, y de ahí casi otros dos en Chile, donde nació mi hijo. Y al regreso, me fui a vivir a Bolivia, donde estuve otros dos años más. Después fue como que cerré toda esa etapa, volví a la Argentina, terminé de estudiar y entonces empecé otra historia.

LOA: Pero estuviste viviendo en Jujuy y en países limítrofes lejanos a esta ciudad, ¿cómo puede ser tan abrupto un cambio nuevamente?
SC: Cuando regreso del norte, comienzo a sentir algo así como una eterna añoranza, porque fue como haber vivido una vida dentro de otra vida, por decirlo de alguna manera. Fue algo totalmente distinto y en donde realmente fui muy feliz y me sentía muy a gusto. Pero después, por determinadas circunstancias, fue momento de producir nuevamente un cambio, que esto también tiene que ver con una característica mía, ir viviendo mis propios ciclos como persona y ser capaz de cambiar todo.

LOA: Estamos de acuerdo, pero no te fuiste a vivir a Catamarca, por ejemplo, que estaba “menos lejos”…
SC: No, pero la decisión de venir se me ocurrió cuando volví a Buenos Aires. Es decir, me recibí, y ya estaba con mi hijo de cuatro años. Yo me había separado de su papá y tenía que tomar una decisión. No quería vivir ni en La Plata ni en Buenos Aires, así que estuve un par de años en mi pueblo, Carhué, al que regresé con 30 años, después de haberme ido a los 17. Así que permanecí dos años allí, haciendo mis primeras armas en el periodismo hasta que me di cuenta que ahí no iba a poder tener un gran desarrollo profesional, por un lado, y por otro, pasó que me costaba adaptarme a la mentalidad pueblerina. Así que, si bien encontré a mis pares, porque esto es siempre importante, en un momento dije “bueno, hasta acá llegué”. Y en momentos en los cuales evaluaba adónde irme, si al norte o al sur, una amiga de la infancia que vive acá venía insistiéndome con que venga. Y bueno, tomé la decisión y me vine. Nunca pensé quedarme tanto tiempo (risas). Ya van 15 años.

LOA: ¿Fue realmente la profesión la que te trajo o era una búsqueda interna fundamentalmente?
SC: Yo creo que el eje siempre es ese. Es decir, nunca es de afuera hacia adentro. Siempre de adentro hacia afuera. El lugar donde internamente estoy parada y de acuerdo a la energía que manejo en determinado momento es lo que me lleva a dar determinados pasos. Nunca es al revés.

LOA: Y en esa búsqueda encontraste este lugar, ¿cómo te cayó al principio esta ciudad? 
SC: Claramente no es un lugar que en primera instancia te impacte y no fue como cuando la primera vez que me bajé en La Quiaca, que es como bajar en otro mundo. Lo que ocurre es que llegué y al otro día empecé a laburar en el diario, en Tiempo Sur. 

LOA: Te insertaste automáticamente en los medios…
SC: Lo que pasa es que ese verano recorrí la Patagonia con mi hijo. Anduvimos por Puerto Madryn, El Calafate, El Chaltén y acá. Andaba viendo, y por eso entregué currículums en distintos medios, y en ese diario me dijeron que en marzo empezaba. Así fue la cosa. Entonces, regresé a mi pueblo, busqué mis cosas y me vine. Llegué y al otro día nomás empecé a laburar. Entonces, como que me metí de lleno en el trabajo. Y eso también me dio algo interesante, que fue conocer muy rápidamente el lugar. 

LOA: En ese sentido, deben ser pocos los trabajos que te llevan a conocer rápidamente una ciudad…
SC: Claro, porque en periodismo andás por todos lados y conocés todo tipo de gente. Entonces, agarrás con rapidez los códigos del lugar. Recuerdo estar un sábado en la redacción y de repente advertir el cielo plomizo de la tarde como si estuviera anocheciendo. Bueno, las características de este lugar, que me pusieron en sintonía cuando llegué. Pero, de todos modos, entré de lleno al trabajo y a tener que resolver cosas, porque estaba con mi hijo, al que tenía que buscarle escuela y todo lo demás. Así, vertiginosamente, fue desarrollándose la historia.

LOA: ¿Cuánto tiempo estuviste en el diario?
SC: Esa primera vez estuve seis meses, pero tenía otro trabajo en Ventana Abierta, la recordada revista de la mutual de los educadores. Creo que era una muy buen revista, en donde hacía informes periodísticos. 

LOA: En Ventana escribía gente muy valiosa…
SC: Ahí conocí, por ejemplo, a la “Negra” López o a Carlos Besoaín, que en esa época estaba en Uruguay y mandaba sus notas desde allá. Pero también a Sergio Di Leo, entre otros. Son personas a las que valoro, quiero y que han sido importantes en mi trayectoria. Pero bueno, seguí laburando en Ventana Abierta un año y medio, hasta que cerró. Entonces regresé a Tiempo, pero para cumplir una función muy específica, que era la de hacer un suplemento cultural semanal, que yo producía íntegramente y que realmente fue un buen antecedente, porque tenía mucha información y era muy completo respecto a la actividad cultural. En ese sentido, debo decir que me dio muchas satisfacciones trabajar en periodismo cultural. Es algo que aprecio mucho, sobre todo haber conocido a tantos artistas o haber aprendido de arte. Porque el artista tiene una sensibilidad particular, y muchas veces se anticipa a su tiempo con sus obras. Ha pasado con grandes artistas de la historia, y con los locales igualmente. También estuve en la sección Educación, rescatando los proyectos que se hacen en los colegios, por ejemplo, radios escolares; o en donde hay docentes que se comprometen, que se ponen las pilas y hacen que los chicos también se comprometan. Pero bueno, después de eso, entré de lleno a trabajar en información general y política.

LOA: Con sus cosas buenas y malas, ¿cómo definirías a Río Gallegos?  
SC: Es difícil penetrar la idiosincrasia local, pero como también vengo de un pueblo chico, entiendo que estos lugares funcionan con un sentido tribal, de clan, donde todos no sólo se conocen, sino que en muchos casos también son parientes cercanos o lejanos, fueron al mismo colegio, etc. Estos son lazos muy fuertes, por eso, y también por un sentido de autopreservación si querés, entiendo que haya resistencia a los que vienen de afuera. Por otro lado, el clima tan hostil hace -según mi experiencia, que es válida sólo para mí- que las personas se dediquen o a su propio desarrollo personal o a tener cosas. Un amigo ‘NyC’ me decía que para querer a este lugar hay que encontrar la grieta, esa pequeña incisión por donde es posible penetrar este misterio… No sé, yo estoy muy agradecida a Río Gallegos, me permitió crecer en muchos sentidos y eso es mucho decir.

LOA: Volviendo a los medios, de todas esas secciones por las que pasaste, ¿con cuál te quedas?
SC: Personalmente, las secciones deportiva y policial no me gustan en el periodismo. Son áreas que no me interesan. Pero después, todas las demás me han dado experiencias muy satisfactorias. Me han permitido conocer gente e historias, o poder entrevistar a todo tipo de personajes, locales y nacionales, o incluso hacer seguimientos de procesos; por ejemplo, cuando parecía que se iba Taselli (Sergio) y se cerraba la mina de Río Turbio. Hacer el seguimiento de todo ese proceso fue algo muy intenso, entre otros acontecimientos. 

LOA: ¿A qué personaje del ambiente cultural o político nacional o provincial te hubiera gustado entrevistar?
SC: Nunca me hice esa pregunta, pero seguramente a algún gran artista. Aunque a la vez me pregunto si es posible a través de una entrevista penetrar la verdadera personalidad del otro. Quien siento que se acerca sensiblemente a eso y que sus entrevistas desnudan bastante al personaje, incluso que tienen ritmo, música, son las que realiza Rodolfo Bracelli, me encanta su forma de escribir y transmitir.

LOA: ¿En qué aspectos dirías que el periodismo en la ciudad ha mejorado y en qué ha empeorado con relación a cuando llegaste?
SC: Creo que ha mejorado en cuanto a que todos los problemas de la sociedad, tarde o temprano, tienen visibilidad en los medios, cada uno por supuesto de acuerdo a la línea editorial que maneja. Además, la audiencia local está más informada de lo que se pueda suponer y hoy, con la omnipresencia de las redes sociales, ya es mucho más difícil ocultar cosas, de alguna manera te enterás. Sin embargo, creo que el periodismo local sigue adoleciendo de algunas cuestiones centrales, como la profundidad de la información, el copie y pegue sin chequear con fuentes propias y el recurrir a una única fuente para abordar un tema. Esto tiene muchas causas, no achacables todas a los trabajadores de prensa y también tiene muchos matices, pero como laburantes no podemos dejar de ver en qué estamos fallando.

LOA: ¿Alguna vez tu trabajo te ha dejado certezas? 
SC: Parafraseando a una escritora para niños que una vez me dijo en una entrevista “la literatura no se hizo para salvar a las ballenas”, o cómo se defendía Bob Dylan de aquellos que querían eternizarlo en la canción de protesta, creo que el periodismo no se hizo para salvar al mundo y que sólo es posible realizar actos de conciencia individual.

LOA: ¿Cómo te llevas con las nuevas herramientas que la tecnología ha creado al servicio de la información (incluyo redes sociales)?
SC: Facilita mucho nuestro trabajo, aunque corremos el riesgo de manejarnos sólo con Internet y el teléfono, en lugar de estar presente en los lugares donde ocurren las cosas para tener una mirada propia. Al principio me resistí al uso de las redes sociales porque soy muy celosa de mi privacidad, pero son una herramienta ineludible para el trabajo.

UNA BUSQUEDA INTERIOR
Como explicábamos al inicio de la nota, además de ejercer el periodismo, la “Colo” es una apasionada de las prácticas basadas en la transmisión de energía. Con el correr de los años se ha ido metiendo mucho en el tema, hasta que hoy se ha convertido en una actividad a la que le dedica mucho más tiempo e interés.

LOA: ¿Cómo surgió tu interés por estas prácticas?
SC: Creo que la experiencia de haber vivido en Tilcara fue iniciándome en una búsqueda personal, ir puliéndome y conociéndome a fondo. Y dentro de eso, primero a través de amigos que fueron enseñándome y luego por una decisión propia, me interesó el tema de la sanación a través de la energía. Por eso aprendí primero Reiki, aunque en los últimos años esta inquietud fue tomando un camino más importante y, por ejemplo, me puse a estudiar y me recibí de Terapeuta Floral, en una escuela de Buenos Aires cuyos docentes vienen a Río Gallegos. También aprendí lo que se denomina Sanación Reconectiva y Reconexión, con la cual estoy empezando directamente a trabajar, abordándola como un trabajo, y bueno, muchas otras cosas que he ido aprendiendo con mi propia experiencia y desarrollo personal. Esto, indudablemente, es un componente muy importante en mi vida. 

LOA: Son prácticas que traen paz…
SC: Si vos recibís una sesión de Reiki o Sanación Reconectiva, ocurre eso. De hecho, me ha pasado en varios casos. Incluso en hombres, a quienes les cuesta más abrir su mundo interior, surge esta situación. No se trata de una terapia psicológica, pero hay una apertura, y es así que los pacientes han contado cosas muy fuertes y determinantes en sus vidas, que marcan un antes y un después. Han podido hablarlas a partir de, por ejemplo, recibir Reiki. Y la Terapia Floral es algo que a mí me resulta maravilloso porque es un remedio no químico, porque son las esencias de las flores. Eso es algo que siempre se ha trabajado, pero digamos que en esta época se sistematizó el método, a partir de las investigaciones de un medico inglés llamado Edward Bach.

LOA: ¿En qué consiste?
SC: La esencia floral contiene la vibración de la flor. Esa flor, por ejemplo, trabaja determinadas polaridades de la personalidad, positivas y negativas, equilibrándolas. No es una terapia exactamente lo que se hace, porque tendría que tener una continuidad; tampoco es una terapia psicológica, aunque utiliza herramientas de la psicología cuando a través de una charla se va llegando a un diagnóstico, para saber cuáles son las flores que deberá tomar esa persona. A partir de allí, se hace un preparado que se toma en gotitas. 

LOA: ¿Pero qué es lo que se propone?
SC: El equilibrio. En realidad, para estas terapias la enfermedad es el resultado final de un conflicto que nace mucho antes. Como todo en la realidad, va de lo sutil a lo manifiesto. Lo manifiesto es la consecuencia, pero el origen es una causa sutil. Entonces, Edward Bach dice que, en realidad, la enfermedad nace en un plano en el cual la persona tiene un conflicto entre su vida, lo que hace y la misión de su alma, digamos. Entonces, empieza a producirse ese conflicto, que luego comienza a bajar a distintos planos hasta que llega al físico. Cuando llega ahí, también lo hace por etapas. Y si no lográs procesar lo que está llevándote a desarrollar esa enfermedad, podría terminar todo en algo más grave. Entonces, estas terapias lo que hacen es reequilibrar. Por otro lado, debo decir que cada vez hay una mayor apertura a que las ramas de la medicina que conocemos integren estas prácticas, incluso en los hospitales. 

LOA: Y en tu caso particular, ¿cómo vivís estas nuevas experiencias que tanto te atraen?
SC: Durante el último tiempo me he volcado cada vez más a esto. Y me da mucha satisfacción, porque más allá de que algunas actividades se cobran y otras no, yo lo vivo como un servicio. Pienso en la idea de que toda persona que esté equilibrada consigo misma, hacia afuera o el mundo, permitirá que todos sus pensamientos, acciones o palabras resulten más armoniosos. 

Entre tanto, hace un tiempo la “Colo” también culminó la carrera de Artes Visuales (ver aparte) en el Centro Polivalente de Arte, donde, junto con otras compañeras, fue parte de la creación del colectivo artístico “La Rueda”. 
Inquieta por naturaleza, Silvia sigue metiéndose en esos caminos que hacen a una búsqueda interna que frecuentemente le depara nuevos interrogantes. 

SOBRE ARTES VISUALES

LOA: ¿Que te dejó como experiencia haber cursado la carrera de Artes Visuales en el Centro Polivalente de Arte?
SC: Fue un desafío cursar de lunes a viernes, mientras te ocupás del resto de tu vida, por lo que me dio mucha satisfacción llegar hasta el final del recorrido. Empecé por un motivo determinado y eso se transformó en un espacio de libertad y también terapéutico, porque sin querer y después queriendo, trabajé mi lado femenino a través de las imágenes. Eso se plasmó en la muestra final de pintura, donde hacemos una investigación para fundamentar el trabajo plástico, que llamé “La Diosa, el viaje del alma de las mujeres”, trabajando los arquetipos femeninos, un trabajo que quiero seguir…

BREVES

Una canción que siempre te ha gustado escuchar: Todo el disco “El lado oscuro de la luna” de Pink Floyd.

Un libro recomendado: “Narciso y Goldmundo” de Herman Hesse.

Algo que siempre te ha despertado interés: La historia y la cosmovisión de nuestros ancestros indígenas.

Un lugar de la provincia: Sin dudarlo, digo Chaltén. 
Domingo 21 Abr 2013